Placeres simples

Aquí estoy comiendo @unheladito con los creadores 😀

Disfrutar la vida no es un derecho, es un deber. Encontrarle sabor a cada momento, ponerle color a cada hora, sonreir con cada día, no es más que una cuestión de decisión.

El domingo fue un día feliz, el primer día de agosto me regaló un domingo diferente.Yo, que soy fiel practicante de esa doctrina que reza “Il dolce fare niente” para el último día de cada semana y tengo por costumbre comer helados y ver tele los domingos, yo que O-DIO salir los domingos de casa –eso de quitarme la pijama y lavarme las lagañitas es pagano en este día- decidí que este domingo me saldría de la costumbre, para variar un poquito.

Este domingo lo merecía. Luego de unas labores de trabajo que me dejaron liberada a la una pe eme, finalmente pude disfrutar de una tarde familiar: fuimos a comer alguito y de allí al Mercadito de la Plaza (@elmercaditodlp).

La ciudad puede ser amable de vez en cuando y la idea de apropiarnos de una plaza, comer @unheladito de cardamomo y otro de té verde, un tequeño de plátano,comprar unos zarcillos locos y ver qué se está haciendo en el diseño criollo es casi un tratamiento espiritual, como ir a un spa y exfoliarnos la esperanza, dejarnos el cutis limpio para sonreir y creer que sí, este país definitivamente puede dejar de ser aburridamente monotemático.

Agosto empezó así, me agarró de sorpresa y me regaló una felicidad tan simple, tan inesperada, casi tonta.

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