Crónica social

Foto: Fabio Cuttica

Historia real de un día cualquiera en un barrio cualquiera de la capital venezolana.

Pum pum. “Y lo mataron amurrungado”. No se atrevieron a seguir subiendo, se quedaron escondidas en la peluquería hasta que ya no vieron más a Los Quilombos. Una mamá de 22 años y su hija de 5.

En la otra esquina estaba otra mamá de dos hijos, Jason de 16 y el pequeño que le habitaba la panza desde hacía 8 meses.

“Jason salió a comprar un cubito y yo angustiada me olvidé de barriga y todo porque no respetan y pensaba si me malogran al muchacho…”.

Los Quilombos viven más arriba, se han ganado el respeto que merece todo malandro armado y drogado. “Tenían una culebra con el muchacho al que mataron”. Los vecinos no se meten en esas historias, se esconden en sus casas, cierran puertas y ventanas y evitan tropezar por casualidad con algunos de estos reyes sin corona.

“Lo mataron amurrungado” seis tiros en la cabeza, la misma que cuando le funcionaba, le dio para pensar en esconderse en un kiosco de quesos, luego de una carrera en donde el único premio sería vivir unos días más. Los Quilombos lo encontraron y antes de las 7 de la noche perdió la cabeza y la vida.

Fue entonces cuando salieron de la peluquería la mamá de 22 años y su hija de 5. Jason llegó a casa con el cubito que a su mamá ya no le importaba tanto, corrió a abrazarlo y los dos corazones dentro de ella volvieron a latir.

Nayari Rossi Romero.-

2010

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