Estampas de la ciudad 1

Centro de Caracas. Sábado 5 de enero 2013. Un gato reposa en un carro. Sus ojos verdes y profundos se abren ante mi cercanía (seguramente lo asume como una invasión a su ritual de descanso).

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Metro-hot!

Métete. Apriétate. Tócate / tócalos. Cierra los ojos y respira. Despeja tus pensamientos, abre tu mente. Deja que el sudor corra libre por tu piel, se te ve bien, nena. Relájate y coopera, amiga, que a las 6 pm el metro nunca ha sido amable, menos en tiempos de retraso.

Foto del grupo de Facebook de @caracasmetro

Quedaste en el oscuro limbo entre Plaza Venezuela y Capitolio, a nadie importa el destino de ese vagón repleto, sin aire acondicionado, que se quedó varado en medio del túnel. Si estás ahí disfruta de tu encuentro fortuito y pórtate como el nuevo hombre, el que estos tiempos neo socialistas ha formado de a poco. Quítate la camisa roja, mira a la chica de enfrente y no esperes más. Sé un buen ciudadano metro y llévala a tu puesto, siéntala en tus piernas, tócala de a poco, con ganas, bésale el escote.

Tu ratico de placer tiene banda sonora porque te sentaste al lado de un pana que no conoce ese maravilloso invento llamado audífono. En el vagón y ante la mirada deseosa de los depravados que te acompañan, suena una salsa erótica “tú conmigo, yo contigo… sobredosis de amor”.

La nena se quita los tacones y sus amiguitas te hacen un baile en el batitubo que antes agarraba una viejita, cuando el metro andaba y la doña no quería caerse. Las amiguitas de tu nena lamen el batitubo y se tocan unas a otras. Ya estás excitado.

Tu nena se ha parado frente a ti, se acerca a tu oreja, te susurra palabras sucias y te propone un nuevo juego. Tú te paras en el asiento y ella se agarra de los posamanos de arriba, jugarán al columpio, inventarán una nueva posición. El público aplaude.

Tú agarras a la nena, está chévere la jeva. “Tú conmigo, yo contigo…” sigue sonando la salsa erótica porque el DJ la repite una y otra vez.

Las amiguitas de tu nena ahora pasean por los pasillos, de la nada salieron los látigos con los que ahora azotan a los viejos verdes, los mismos que se las bucean sin parar. En las puertas, ahora humedecidas por el calor del vagón, se pegan los cuerpos ardientes de otros que decidieron aguantar la espera y matar el aburrimiento con un poco de placer gratuito con extraños.

50 minutos después, varios orgasmos más tarde, el metro repara la falla. Finalmente llegan a una estación en la que todos se bajan despavoridos. Límpiate el sudor, toma un poco de aire, quita la cara de que acabaste exhausto.

Voz en off se le informa a nuestros distinguidos usuarios que la falla generada por un transbordador número 540500 detectada en la línea 1 ha sido solventada satisfactoriamente. El metro de Caracas, motores a máxima revolución.

Visitante Número33

Hola, soy la visitante número 33. Así han decidido apodarme hoy en la oficina. Es un edificio gris, aunque ellos quisieran teñirlo con un pésimo rojo de poca clase y agresivo a la vista, a pesar de ese intento de  querer ser grotescamente llamativos no  lo logran, están lejos, el  edificio es gris.

Hace unos meses quedaban todavía los vestigios de una civilización que poco a poco se ha ido diluyendo como las migas de pan deseparacen en el café amargo, sabes ese café que queda al final y tiene una capa gruesa de borra al fondo de la taza, esa cosa áspera que no es café sino un desecho espeso, bueno y cuando las migas de pan se mezclan con la borra desaparece el sabor del pan y del café y solo hay una superficie sólida al final de la taza que nadie quiere. Así, de una manera vertiginosa, ha ido diluyéndose la civilización en la borra de esto que ahora nos rodea.

Hubo una linda época en la que los cuatro (se lee 4) ascensores de la Previsora funcionaban. Nada de esperar minutos interminables ni hacer largas y absurdas colas para subir los 22 pisos de un edificio que, ante todo, es un emblema arquitectónico de la ciudad.

Avanzando a la increíble velocidad del caos. Ese día la voz desde la pantalla gritó la palabra con la E que ahora, a los niños chiquitos, se les debería definir como una grosería, una que dices después de coño y antes de arrechera o en cualquier orden porque no se altera el sentimiento de impotencia.

Al día siguiente la recepcionista, con su mirada de “sí, bueno, no se ni que estoy haciendo con mi vida” me dijo que le dejara la cédula porque esa era la nueva normativa. ¿La cédula? Niña, ¿tú sabes lo pelúo que es sacarse una cédula en este país? ¿tú crees que te la voy a dejar las 8 horas de mi jornada laboral a ti que me miras con esos ojos de no se que estoy haciendo con mi vida?. Pensé pero no dije, debo confesar que su gorra roja me infundió un sentimiento indefinido entre la lástima y la rabia.

Dejé mi valioso documento de identidad y a cambio recibí una identificación. Subí a la oficina, busqué un carnet viejo de la universidad que me hizo pensar que los años sí han pasado y que antes yo me paraba feliz ante la cámara con mi cara de guerrillera-hippie (sí, sí, la mayoría de los ucevistas tuvimos esa apariencia alguna vez) y saqué feliz ese carnet que recordaba unos muy buenos años. Bajé de nuevo y reclamé mi cédula.

Mientras esperaba el ascensor me detuve en el nuevo carnet: un teipe pegaba al plástico un número. 33 Esa era mi identificación, la misma que el tipo de seguridad con su tufo de hombrecillo en pequño espacio de poder, me dijo “amor eso es pa que lo lleves en un lugar visible” como si el tipín no me viera la cara todos los días, como si el carnet de verdad me identificara, como si tuvieran un sistema de seguridad infalible.

Sistema de seguridad infalible: Buenos días visitante número 33,sabemos quién eres,vigilamos tus movimientos, tenemos fríamente calculadas más de mil estrategias para actuar en caso de que tú, visitante número 33, te rebeles contra el sistema y hagas algo, aunque sea mínimo, en contra del bienetar y la armonía de la torre.     



Placeres simples

Aquí estoy comiendo @unheladito con los creadores 😀

Disfrutar la vida no es un derecho, es un deber. Encontrarle sabor a cada momento, ponerle color a cada hora, sonreir con cada día, no es más que una cuestión de decisión.

El domingo fue un día feliz, el primer día de agosto me regaló un domingo diferente.Yo, que soy fiel practicante de esa doctrina que reza “Il dolce fare niente” para el último día de cada semana y tengo por costumbre comer helados y ver tele los domingos, yo que O-DIO salir los domingos de casa –eso de quitarme la pijama y lavarme las lagañitas es pagano en este día- decidí que este domingo me saldría de la costumbre, para variar un poquito.

Este domingo lo merecía. Luego de unas labores de trabajo que me dejaron liberada a la una pe eme, finalmente pude disfrutar de una tarde familiar: fuimos a comer alguito y de allí al Mercadito de la Plaza (@elmercaditodlp).

La ciudad puede ser amable de vez en cuando y la idea de apropiarnos de una plaza, comer @unheladito de cardamomo y otro de té verde, un tequeño de plátano,comprar unos zarcillos locos y ver qué se está haciendo en el diseño criollo es casi un tratamiento espiritual, como ir a un spa y exfoliarnos la esperanza, dejarnos el cutis limpio para sonreir y creer que sí, este país definitivamente puede dejar de ser aburridamente monotemático.

Agosto empezó así, me agarró de sorpresa y me regaló una felicidad tan simple, tan inesperada, casi tonta.

Aquí algunas fotos

Crónica social

Foto: Fabio Cuttica

Historia real de un día cualquiera en un barrio cualquiera de la capital venezolana.

Pum pum. “Y lo mataron amurrungado”. No se atrevieron a seguir subiendo, se quedaron escondidas en la peluquería hasta que ya no vieron más a Los Quilombos. Una mamá de 22 años y su hija de 5.

En la otra esquina estaba otra mamá de dos hijos, Jason de 16 y el pequeño que le habitaba la panza desde hacía 8 meses.

“Jason salió a comprar un cubito y yo angustiada me olvidé de barriga y todo porque no respetan y pensaba si me malogran al muchacho…”.

Los Quilombos viven más arriba, se han ganado el respeto que merece todo malandro armado y drogado. “Tenían una culebra con el muchacho al que mataron”. Los vecinos no se meten en esas historias, se esconden en sus casas, cierran puertas y ventanas y evitan tropezar por casualidad con algunos de estos reyes sin corona.

“Lo mataron amurrungado” seis tiros en la cabeza, la misma que cuando le funcionaba, le dio para pensar en esconderse en un kiosco de quesos, luego de una carrera en donde el único premio sería vivir unos días más. Los Quilombos lo encontraron y antes de las 7 de la noche perdió la cabeza y la vida.

Fue entonces cuando salieron de la peluquería la mamá de 22 años y su hija de 5. Jason llegó a casa con el cubito que a su mamá ya no le importaba tanto, corrió a abrazarlo y los dos corazones dentro de ella volvieron a latir.

Nayari Rossi Romero.-

2010

Premura sexual

Solo existen dos cosas importantes en la vida.

La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo.

Woody Allen

Episodio I: “pana, aquí no vendemos eso”

“Calma—pensó—tampoco es tan difícil, ni que fuera la primera vez. Voy a revisar estos dvd’s para disimular un poco y no parecer un desesperado”.

Mientras tanto sus manos, algo sudorosas, se deshacían de su compañera para empezar a revisar caja por caja de la gigantesca oferta de aquel, el primer puesto del pasillo de ingeniería.

Sus gustos cinematográficos no quedaban cubiertos, en realidad no estaba allí para comprar algún clásico del cine, pero pensó que un lugar en donde venden desde revistas extranjeras hasta llaveros con forma de bate de los Leones del Caracas, podía ser –por qué no—un lugar idóneo para conseguir lo que buscaba.

Pasaba de título en título y de vez en cuando hacía un comentario “yo vi ésta, es mala, la fotografía es terrible, apesta”… la voz de su compañera sólo tenía un interés, susurraba a su oído, “pregunta” y una sonrisa pícara la secundaba.

Una que otra caricia se escapa, ella se acercaba y le hacía señas con los ojos, “deja la pena—le decía ella—ay si, debe ser que no lo has hecho antes”.

Él respiraba profundo y la miraba. Sabía que tenía que preguntar, pero lo invadía una terrible pena. Hasta que por fin se decidió: “pana… ¿aquí venden condones?”

La respuesta fue definitiva, una mirada de incredulidad dirigida a él acompañada de un rotundo “pana, aquí no vendemos eso”.

La lujuria los hizo proseguir unos pasos más allá. Se detuvieron en la librería “El Pasillo”, pero en realidad pensaron que no era muy común la mezcla entre clásicos de la literatura, agendas y condones. Él la tomó fuerte de la mano y siguieron caminando. Al lado, otro puesto- quincalla. Un chamo era quien atendía.

Otra vez la pena, aunque un poco más disminuida. De nuevo la misma rutina: la revisión desorientada de las películas, preguntar por los precios, ver coroticos. El momento cumbre se acerca, cuando ya no hay nadie sino ellos dos y el vendedor. Él se acerca al vendedor, bastante sospechoso, como quien dice un secreto: “chamo, ¿tú vendes condones?”

La mirada del vendedor comenzó a buscar algo en el horizonte, frunció el seño y se limitó a alejarse progresivamente mientras volteaba la cabeza de un lado para otro, indicando la respuesta que desde hace rato era evidente: no.

Episodio II: “se agotaron”

Un par de pasos y la joven pareja no podía evitar el grito desesperado de sus hormonas. Así suelen ser esos momentos.

Llegaron a un puesto no tan pequeño. Se acercaron, observaron que en efecto había desde libros de leyes hasta calcomanías de Hello Kity. Hicieron una revisión rápida. Ella comenzaba a hartarse.

Fue entonces cuando en medio de un arranque impulsivo comenzó a decir en voz muy alta, frente a todos, “gordo, tu crees que un lugar en donde venden Kama Sutra, Kama Sutra para el hombre, Kama Sutra para la mujer, Kama Sutra gay… y bueno no hay lésbico…”, el vendedor interrumpió de pronto y algo exaltado dijo: “aquí está, ¿lo quieres?” Ella ni lo miró y continuó, “ves, tú crees que aquí no está lo que buscas, pregunta”.

Así que él, mirando al vendedor que ya estaba algo confundido, le preguntó “chamo, ¿tienes condones?”

El vendedor soltó una carcajada, “se me agotaron”, dijo. Ella se sorprendió, en efecto sí había un espacio en el pasillo de ingeniería en donde vendían condones. Hubo un par de miradas que se cruzaron de manera cómplice. Ella estaba aún incrédula. “¿En serio se te agotaron?”, preguntó.

Otra carcajada precedió la respuesta del vendedor “claro vale, hasta Postinor tengo, las vendo en ocho”. Las risas se extendieron, ya no eran solo la pareja de la urgencia sexual también estaban otros clientes, transeúntes del pasillo, todos espectadores que encontraban muy gracioso el episodio.

En vista de que este vendedor tampoco tenía, se fueron los dos siguiendo el recorrido por el pasillo.

Los puestos siguientes eran atendidos por personas cuya edad cohibían un poco la curiosidad de la pareja. Él no se atrevía a preguntarle a personas “de cierta edad” si tenían condones, fue en esos puestos en donde la pena lo atacaba más.

Llegaron a uno pequeño, en donde la mezcla de películas, cd’s y programas de computación parece no darse abasto en medio de la escasez del espacio. Hurgaron un poco entre la amplia oferta de esa tienda. Había un par de chamos atendiendo. “bueno, al menos aquí no será tan difícil”, pensó él.

La rutina, establecida y perfeccionada a lo largo del recorrido la hacía ahora con mayor facilidad y más rapidez. La estrategia era como crear una expectativa, ver películas+preguntar precios+lanzar la pregunta en cuestión con la misma naturalidad y nada de estupor: “chamo y condones ¿no tienes?”. Ante la negativa y en vista de que ya no quedaban muchos más puestos se atrevió a insistir, haciendo evidente que necesitaba una pronta solución “¿y dónde los puedo conseguir?”.

El vendedor pensó unos segundos su repuesta y el tono de su voz hizo evidente la incomodad que le causaba tener que dar respuestas tan obvias “vete pa’la farmacia, chamo”.

Episodio III: una mirada dice más que mil palabras

El vendedor ya los había visto. “¿Les puedo ayudar en algo?”, dijo. Él hubiese preguntado de inmediato si El discreto encanto de la burguesía, de Buñuel, no se le hubiese atravesado de la manera como lo hizo. La sacó y preguntó su precio.

“5 Mil, chamo, y la puedes cambiar luego por 2.500”. No lo pensó dos veces para comprarla, oportunidades como esa no son comunes. Ya casi olvidaba el motivo por el cual estaba allí cuando ella, con toda la picardía que la caracteriza, se le acercó y le recordó que preguntara.

Otra vez el nerviosismo “qué van a creer aquí, que somos unos pervertidos o unos extravagantes, que en vez de comprar películas prono vemos surrealismo antes de tener sexo. Estás loca”, le dijo. Ella insistió.

Entonces él volvió a ver las películas (siguiendo la ya elaborada estrategia). Mientras tanto llegó otro vendedor. Ya eran dos.

De seguro era preferible seguir hasta la farmacia como les habían dicho antes, pero quien quita y en este último lugar había lo que buscaban. “Preguntemos por no dejar”, dijo ella sin dejar de abrazarlo.

Él se les acercó un poco al par de vendedores y entonces preguntó “pana, ¿vendes condones?”. Los dos vendedores se miraron y de inmediato dejaron escapar tímidamente una sonrisa, al tiempo que movían sus cabezas al compás de un “no”.

Nayari Rossi Romero

26 de enero de 2006

Foto: Pasillo de Ingeniería de la UCV

Caminando

Salí de la proyección para la prensa de Julie and Julia, era miércoles a las 11:30 am y me encontraba en el Boulevar de Chacaíto. Me dieron ganas de comerme la mandarina que llevé por si acaso me daba hambre.

Caminé con plena conciencia de lo que hacía, estaba conciente de mis pies, mis zapatos nike de caminar, el asfalto sucio de grasa de perros calientes, la acera medio rota que tiene años sin ser consentida. Veía al cielo y pensaba que era un hermoso medio día, un poco caluroso sí, pero hermoso.

Caminar es una forma de pensar, de escuchar, de sentir. Cuando camino tengo un valioso tiempo para mi misma. Es sabroso recorrer la capital en dos piernas. Aunque en realidad en Caracas caminar más que una decisión es una obligación: el tráfico se aburrió de las horas pico y ahora hace de las suyas en cualquier momento, el metro pasó de ser un ejemplo de ciudadanía para ser una cueva llena de basura y oportunistas y, para poner la cereza en la punta del helado, los malandros no respetan la inercia de las colas y hacen su agosto robando cuanto carro se les antoje porque, como ya sabemos, Caracas es una tierra sin ley.

Aún así ese miércoles iba reconciliada con la vida porque había visto una buena película sobre dos mujeres que logran superarse así mismas. Yo me sentí confiada, segura de mí y con las esperanzas recargadas.

Caminando se puede ver a los demás de una forma más detallada: puedes observar al tipo que se come un helado en la plaza Brión, puedes ver a la señora que casi arrastra a un niño que a su vez intenta seguirle el apurado paso, pero, pobre de él, sus pequeñas piernas no le dan, puedes oler al Mc Donalds friendo sus papas e impregnando un pedacito de ciudad con su olor a fritanga de dudosa procedencia, puedes ver al evangélico que reúne unas decenas de personas oyéndole la palabra del Señor a cambio de, no se, quizá unas monedas o su consagración en la fama de las plazas, puedes oir al tipo que se te pega a la oreja para decirte mototaisi, mototaisi.

Así iba yo aprovechando mi paranoia caraqueña como excusa para ejercitar un poco las piernas, terminando el último gajito de mandarina y buscando una papelera para botar la concha. Llegué hasta el Tolón y no seguí más porque el calor me agotó y esta ciudad no piensa mucho en sus peatones por lo que la acera no es algo que exista en todas partes.
esta fotola tomé de: http://www.urbanrail.net/am/cara/caracas.htm

Lección Nº 5 en camionetica

A las 8:15 de la mañana el boulevard de El Cafetal es un estacionamiento, eso todo el mundo lo sabe. El tráfico se paraliza como si se estuviera en algún tipo de máquina futurista que detiene el tiempo, con la diferencia de que en este caso el tiempo si pasa y entonces se genera una angustia colectiva, una desesperación profunda que termina en un grito interior. Algunos simplemente aprovechan para completar horas de sueño y echan un guinde, como se le conoce en el lenguaje de las colas.

Tomar transporte público a esa hora es una rica experiencia llena de gente variopinta, un conductor que te saluda con su peculiar “pasaje al subir”, y una radio a todo volúmen donde se escucha el programa por excelencia de las camioneticas: Fulchola. Se puede pasar al rededor de hora y media escuchando las risas grabadas y los chistes más fáciles, sin embargo Fulchola es toda una institución en materia de popularidad.

A las 8:15 de la mañana, a la altura de Caurimare,un nuevo elemento se introdujo en el submundo de las colas de El Cafetal. Se monta un señor que de inmediato llama la atención de todos al decir Buenos Días. En otras colas de la ciudad la presencia de esta nueva clase de trabajadores emergentes –o desesperados- es cada vez más frecuente: desde lo que venden caramelitos hasta los que se están rehabilitando de las drogas y te amenazan diciéndote que podrían estar oliendo pega en las calles y atracando gente pero que no, por el contrario están vendiendo en las camioneticas almanaques de hello kity con hermosos mensajes de paz por 1 bolívar fuerte que no empobrecen ni enriquecen a nadie.

Por alguna razón en El Cafetal no se había visto la presencia de este tipo de trabajadores, sin embargo ese día se montó este señor con una sonda, restos de orine en la bolsita de la sonda, un tapa boca colgado al cuello, la cara pálida y la camisa por fuera. En su mano derecha llevaba su cédula de identidad y un récipe.

Buenos días –continuó- no crean que vengo a pedir limosna, vengo porque tengo que comprarme un remedio (dice un nombre imposible de recordar) que me mandaron en el ambulatorio de por acá cuando me dijeron que era diabético. Soy diabético por culpa de la coca cola, porque yo tomaba mucha coca cola.

Habló como por cinco minutos más sobre sus padecimientos como persona diabética y lo costoso que era comprarse cada medicamento. Convenció a algunos pasajeros y recogió un poco de dinero.

Antes de irse dijo: ahora hay que cuidarse, no de la gripe porcina esa que está dando sino de una hepatitis. No deben tomar jugos naturales o tizanas en la calle, ustedes que les encanta estar comprando eso, no deben tomarlos porque no saben si son hechos con agua de chorro, de pote o potable.

Y se bajó en la parada siguiente a la altura de Santa Sofía.

Nayari Rossi Romero.-
05 de mayo de 2009
orlandier-junior

Caracas Santa

El manto ¿sagrado?: un hombre vestido de nazareno y otros con chemises al estilo de Pare de Sufrir decían "pase por el manto sagrado"

Las calles se convirtieron en un enorme paso peatonal. Si se hubiese podido ver desde el espacio se hubiese apreciado cómo de un lado al otro una serpiente caminaba a paso lento, acercando un poco más la mirada se notaría que eran personas: muchos llevaban una prenda morada, otros vestían de Nazareno en especial los niños porque los grandes hacen promesas que ellos pagan, la ley de la vida.

Era viernes Santo en la ciudad capital y el centro tenía su mismo rostro: gente por acá, gente por allá, buhoneros que aprovecharon la ocasión y cualquier cantidad de situaciones pintorescas. No así el resto de la ciudad que tenía considerablemente menos habitantes.

Las personas estaban movidas por una vocación más grande que ellos mismos, una fuerza que los impulsaba a aguantar pacientemente una cola eterna y lenta que podía darle la vuelta a cualquiera de los templos. Pero no importaba, en ese momento vivían sus propios peregrinajes, hacían sus propios sacrificios para pedir con profunda fe que un pequeño milagro ocurriera.

Alrededor de los templos estaban los mercaderes. No es el pasaje bíblico, es más bien la crisis: estaban los buhoneros vendiendo desde incienso o espigas de colores –símbolos de la época- hasta cualquier cantidad de especias de esas que llaman espirituosas. A las afueras de la iglesia Corazón de Jesús un señor recordaba tiempos pasados al estar sobre su camión , rodeado de caña, moliendo y moliendo para sacar un refrescante vaso de agua de caña que bien caía a quienes lo rodeaban ansiosos por calmar la sed.

En el camino a otras iglesias no faltaban los muchachos de a pie que, parados en una esquina, gritan con un cantadito: “comprovendo oro oro oro euros dólares oro oro oro”, no llamarían la atención en un país normal, pero siendo que los ciudadanos venezolanos tienen un restringido acceso a las divisas extranjeras, no deja de ser llamativa la aparición de estos personajes en las esquinas del centro caraqueño, a pocos pasos de la policía.

Cabalgata admirable

Cabalgata admirable: al recibirlos lanzaron globos tricoles al cielo

Cabalgata admirable: al recibirlos lanzaron globos tricoles al cielo

Un hecho insólito fue que en medio de todo este escenario aparecen unos hombres montados en caballo y cargando enormes banderas tricolores quienes, con orgullo, se convertían en los primeros en hacer una cabalgata admirable –después de El Libertador, claro está.

“Mi esposo es amante de la historia y le encantan los caballos, así que se tomó 42 días para lograr este sueño que compartía con sus amigos”, comenta la esposa de uno de los organizadores. Los hombres viajaron desde Cúcuta hasta la casa de Bolívar, en el centro de Caracas, en el camino se les unieron otros tantos con la misma pasión.

Domingo de resurrección

Quema de Judas en Caurimare: el personaje escogido fue Marjorie Calderón y la llamaron justicia tuerta

Quema de Judas en Caurimare: el personaje escogido fue Marjorie Calderón y la llamaron justicia tuerta

Terminando los días santos la ciudad comienza a recobrar su mejor cara: el tráfico, la gente, el ruido. A las 6 de la tarde, justo antes de anochecer y hacia el este de la ciudad, las comunidades salen a recobrar una tradición. No había una multitud en las esquinas de Santa Paula o Caurimare (Urbanización El Cafetal), pero había una cantidad considerable. Las personas se reunieron para hacer la quema de Judas.
Esta vez el personaje escogido fue Marjorie Calderón –famosa en estos días por ser la jueza que sentenció a 30 años a los policías Metropolitano por el caso del 11 de abril de 2002. “Justicia, justicia”, gritaban apoyados por las cornetas de los carros que pasaban.

En Caurimare calificaron a su Judas como la justicia tuerta y al son del Himno Nacional procedieron a convertir en cenizas a su propia Marjorie Calderón.

Más imágenes en: http://www.flickr.com/photos/buenassalenas/
Nayari Rossi Romero.-
Festividades/Tradiciones
14 de marzo de 2009

El viacrucis de hacer mercado

Mercado de Chacao abastecido

Mercado de Chacao abastecido

En pleno siglo XXI los venezolanos reviven la pasión de Cristo, se trata de los malabares que deben hacer semanalmente para sortear la escasez y lograr comprar todos los alimentos que necesitan nayari rossi romero

Nuevamente está parado frente a la nevera: carne, pollo, legumbres, dice como si rezara un rosario. Luego, una vez más, inspecciona los gabinetes y coteja lo que ve –o lo que no ve- con lo que está escrito en la lista.
No se equivocaba. Poco arroz y nada de caraotas, arvejas y lentejas, con las ganas que le dan de comerse un buen pabellón.
Respira profundo y se dispone a salir llevando la lista que le resulta una suerte de cruz que le recuerda los sacrificios y penurias por las que debe atravesar, sabe que le espera un largo recorrido por diferentes establecimientos, no se acostumbra a la idea de que hacer mercado en este país es el viacrucis del siglo XXI.

Primera estación
Va a un súper mercado que le queda cerca. Sonríe cuando logra marcar casi todo en la lista. Entonces nota que falta el papel. Se suponía que la situación con el papel higiénico estaba resuelta, eso había escuchado en las noticias, pero para él es una quimera. Es casi un juego de azar.
Preguntó a una de las chicas que atienden el establecimiento y la respuesta fue un latigazo directo a la espalda: “no mi amor, no hay, está difícil, vino ayer y lo poco que vino se lo llevaron”. Sus manos doblaron la lista en cuadritos, bajó la cabeza e hizo un ademán de resignación. Se sintió como Jesús cuando cayó al piso por primera vez. Ni modo, tendría que seguir en la búsqueda.

Segunda estaciónAfortunadamente había comenzado la jornada de hacer mercado muy temprano en la mañana. “Al que madruga Dios lo ayuda”, se dijo y siguió su procesión hasta el próximo mercado. Sorteó unas cuantas colas –el tráfico es como el crimen: no descansa- hasta llegar al otro súper mercado que también escogió con el criterio de la comodidad, le quedaba bastante cerca de su casa.
Tuvo suerte y consiguió papel. Aprovechó entonces para repasar la lista: le faltaban aún los granos.
Le vino a la mente esa frase de la cultura popular, pero esta vez las palabras le retumbaron como un eco aterrador: ¿arroz como arroz? En efecto ya había comenzado a olvidar que hasta hace muy poco podía encontrar estantes de diferentes marcas, colores y variedades. Hoy sólo vio una marca que apenas ocupaba la mitad de un estante.Corrió con suerte porque lo encontró en BsF 2,33 y sabe que en otros lados, cuando hay arroz, puede costar hasta BsF 2,77.
La cara se le iluminó ligeramente, había encontrado papel y arroz. Sólo faltaba una cosa: granos. “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”, se dijo implorando al cielo una especie de milagro que lo hiciera encontrar granos en el próximo mercado.

Tercera estación Y entonces ocurrió, recibió una llamada: “en el mercado de Chacao hay de todo”.
La llamada resultó una esperanza, luego de haber recorrido dos súper mercados decidió no alargar más la espera e ir al conocido mercado popular capitalino.
Al legar se encontró con una especie de paraíso de abastecimiento: las frutas y legumbres abundaban, así como las diferentes especias. No se sorprendió, aunque no es su costumbre visitar mercados populares, sí había escuchado que en estos lugares, por alguna razón que hasta el momento desconocía, tenían de todo.
Luego de un rápido recorrido llegó finalmente a los tres únicos puestos en donde vendían granos.
En el primer puesto había caraotas negras a BsF 10 el Kilo y lentejas a BsF 12 el kilo.
“Señor, ¿y las arvejas?”, preguntó esperando a que de algún gorro mágico salieran, cual conejos, las bolsitas del codiciado grano. El vendedor torció la boca y alzó las manos a los lados indicando así que de verdad no tenía ni idea de cuándo conseguiría arvejas.
Le pareció insólito porque al voltear la mirada encontró que el siguiente puesto en efecto sí las tenía.
A pesar de los precios estaba dispuesto a comprar con más frecuencia sus granos, así que preguntó sólo para tener la certeza: “¿y siempre tiene arvejas?”, la respuesta le arrugó el corazón: “bueno, a veces tengo y a veces no”.
Había terminado su viacrucis, aunque su bolsillo terminó crucificado cuando pagó BsF 12 por el kilo de arvejas.
Una falsa alegría le acompañó de regreso a casa mientras espera la resurrección de su economía familiar. Recordaba que hasta hace muy poco podía encontrar hasta en el abasto de la esquina arroz, papel higiénico, caraotas negras , rojas y blancas, arvejas y lentejas.
Mientras tanto se emocionaba con la imagen de su pabellón y trataba de alejar la idea de cómo sería la próxima semana cuando al final de su recorrido por súper mercados saque cuentas y descubra que, comprando lo mismo, gastará un poco más. Tiene la negra certeza de que el viacrucis no es sólo en Semana Santa.

La frase: “Yo no he visto la construcción del socialismo en ningún país que sea un socialismo de abundancia. Los socialismos han sido a partir de la escasez”.
Jorge Giordani
Ministro Planificación yDesarrollo

la otra cara
de la moneda
Para tratar de cubrir las necesidades de la población el gobierno tomó como medida la creación de los mercales. No siempre resultan suficientes, del total de 209 mercales tipo I en el territorio nacional, sólo hay 8 en Anzoátegui y de mercales tipo II hay uno. Los consumidores se quejan de las colas y, a veces, tampoco encuentran allí lo que necesitan.

Realidad nacional“Caraotas negras, arvejas y lentejas han representado un problema”, comenta José Ferreira quien se encarga del área de compras de la cadena de súpermercados Unicasa.
“Es muy difícil no escaparnos de la realidad” advierte Ferreira ante la situación con los granos en general y aclara que en las últimas semanas ha mejorado la situación con el arroz.
¿Por qué ocurre la escasez de los granos? Ferreira comenta que todo deriva desde los proveedores quienes dicen que los gastos de importación están muy por encima de los precios regulados, ellos están a la expectativa de llegar a un acuerdo con el gobierno.
Miestras esto sucede, algunas cadenas de súpermercados se las han arreglado para aplicar la misma estrategia de los mercados populares: venden los granos sin marca y con precios que oscilan entre los BsF 10 y BsF 12.
Para el consumidor representa una quimera encontrar caraotas negras,arvejas y lentejas. Los que compran en Mercal o Pdval comentan que deben llegar muy temprano para obtener los productos. Según el más reciente conteo de Datanálisis, la red gubernamental presentó 52,1% de escasez, lo que significó un incremento en relación con la medición anterior.

Nayari Rossi Romero.-
Publicada en el Diario El Tiempo de Puerto la Cruz el 11 de abril de 2009
http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=185755

crónicas de lo que pienso

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