En primera persona

marcha

Esa mañana caminé con pasos firmes hasta ese punto en el que vi directo y muy cerca la cara de mis futuros agresores. Minutos antes, mientras cruzaba el elevado de Maripérez ya sentía el olor. El vinagre penetraba fuerte –con lo que odio ese olor- y vi pasar a una joven con ojos llorosos y pasta de dientes en algunas partes de su cara. Aún así seguí con paso firme.

Adrenalina debió haber sido lo que me impulsó a gritarles “muy machos, ¿no? Con máscaras cualquiera?” y me sentí como liberada. Ya era medio día cuando estaba a la altura de la Cantv en la Avenida Libertador. A mis pies una imagen alucinante y a la vez fascinante llamó mi atención: acostados sobre el asfalto estaban un par de chamos, con una bandera de Venezuela que los cubría como si fuera una sábana, estaban agarrados de manos y tenían los ojos cerrados. Parecían un par de cuerpos sin vida.

La lluvia nos mojaba y aún así estábamos firmes en ese límite entre lo civil y las fuerzas armadas. Me agaché para recoger los datos de uno de los chicos que estaba acostado. Es para hacerte una entrevista, le dije. Me dijo que su correo era Jaime punto (algo que no entendí) arroba gmail. Las gotas de lluvia mancharon de tinta mi cuadernito de anotaciones mientras yo le pedía que me repitiera el correo. No tuvimos tiempo.

Un par de estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello acostados a los pies de la PM

Un par de estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello acostados a los pies de la PM

Pum pum. El sonido seco había empañado el ambiente de un humo picante. Yo no pensé. Hice las dos cosas que me parecieron más prudentes: corrí y di gracias a mis ganas de correr en días soleados porque entonces estaba entrenada. Lo segundo que hice, a manera de acto reflejo y paralelo a mi corrida fue rezar, entonces los años de formación católica tuvieron sentido.

El padrenuestro es como un leit motive en mi vida. Cada vez que salgo de casa pienso en una frase que utilizaré alguna vez para un cuento: murió con el padrenuestro en la boca. Pienso que en la sucursal del cielo –no se quién sería el profético que le dio este nombre a Caracas- unos cuantos venezolanos mueren con el padrenuestro en la boca, imagino que a lo mejor de los 30 caraqueños (y contando)que pierden su vida cada fin de semana algunos encontrarían un poco de valor o la esperanza de salvar su alma en esa oración tan perfecta que es el padrenuestro.

Al fondo el humo de la tercera vez que la PM lanzó bombas lacrimógenas

Al fondo el humo de la tercera vez que la PM lanzó bombas lacrimógenas

Corrí. Llegamos a una calle paralela a la avenida Libertador. No se puede esperar que yo sepa dónde estaba metida porque, bien lo saben mis amigos, yo me pierdo hasta en el metro. Yo sólo se que corrí y corrí porque esa, la cuarta vez de bombas lacrimógenas, fue la peor, esa vez la instrucción era clara: dispersa esa vaina, debió haber dicho alguna voz vía radio.

Me refugié en un techito. Imagino que detrás de mi estaban los edificios de la avenida, ignoro que sería ese techito del otro lado. De mi lado era un refugio, un escondite para mi y para otros que me acompañaban en un mutis aterrador.

Recordé las noches. Las noches me dan miedo. Cuando era niña era más valiente, entonces las noches no me daban miedo, adoraba dormir sola y en silencio. Mientras crecía me fui llenando de vicios, de historias, de paranoias, de miedos. Ahora las noches me aterran y pienso en esa frase absurda y trillada pero llena de sentido: el ruido del silencio. El ruido del silencio es ese murmullo de sonidos sin identidad, pueden ser grillos, maullidos, pum pum, murmullos.

Cuando estaba debajo del techito, en esos pocos segundos en los que me refugiaba del gas y tomaba un poco de aire limpio, escuché el ruido del silencio. La gente estaba como desconcertada, no podía identificar un solo sonido.

Entonces otros pum pum. No sé cómo hizo la Policía Metropolitana (PM), no se de dónde salieron, no se dónde estaban. Sólo se que de nuevo el gas nos cubrió y de nuevo corrí. En honor a la verdad no me asfixié y esto creo que debo agradecérselo a mi carrera de 100 metros planos en la que me estrené ese día.

A mi izquierda vi la estación de metro, una de las salidas de Colegio de Ingeniero. La gente salía tosiendo, con las camisas y trapos cubriéndoles el rostro. No me escuchaban. Yo caminaba en dirección a la estación mientras preguntaba si el metro estaba cerrado. “Nos están lanzando bombas adentro”, me dijo una chica que se perdió entre la multitud que aún caminaba a paso apurado, me lo dijo entre toses y con los ojos rojos.

Tras varios intentos el celular por fin funcionó, entre correr y protegerlo de la lluvia, logré comunicarme. “Estoy detrás de Rodovías, todo bien, corriendo a Plaza Venezuela, la PM nos sigue, te dejo, están lanzando bombas otra vez”, escupí las palabras como pude.
El metro no era una opción. Seguí caminando. Vi de nuevo a mis agresores. Estaban a la derecha. Me imagino que la imagen desde arriba debió haber sido una postal de esas de las películas Nazis, cuando los judíos caminaban resignados a su campo de concentración y a sus lados los militares del Führer, custodiando.

De nuevo la PM, poco antes de entrar a Plaza Venezuela. Un hombre molesto hizo algún ademán y de nuevo la policía hizo uso de sus armas, sus bombas. Mi reacción fue totalmente inesperada, yo, que hago alarde de mi castellano sin groserías, no tuve otro impulso más que el de gritar ¡coñosdemadre!

Corrí de nuevo, y de nuevo recé. Perdí la cuenta de cuántos padrenuestros dije. Me tropecé con unos chamos que gritaban “no corramos, aquí estamos” o algo así, sólo sé que los empujé mientras les decía que lo mejor era no provocar más a la policía, que sigamos, que la mejor protesta es estar en la calle. La verdad lo que pensé y que no dije fue que es mejor aquí corrió que aquí murió – o que aquí lo pusieron preso.

Entramos a Plaza Venezuela y nos encontramos con los que huían desde arriba. La ciudad era una pintura de contrastes, mientras nosotros huíamos, mojados, con restos de gas en el cuerpo, con el corazón a mil, otros estaban en sus carros, tocando cornetas a favor /en contra/ o para que te muevas que me incomodas.

Plaza Venezuela era la misma de siempre, sólo que ahora con mejor cara: su fuente estaba encendida. Algunos gritaban “a la autopista” otros sólo caminaban. La PM nos seguía los pasos y un último pum pum llegó a pocos metros de la plaza.

En el boulevard de Sabana Grande nos camuflamos con los otros citadinos que vivían su vida normal, para ellos el sábado 22 de agosto fue un sábado cualquiera, lleno de compras en Sabana Grande, almuerzo en Mc Donalds y cine por la tarde. Y justo ahí me di cuenta de que había perdido mis lentes.

Nayari Rossi Romero
01 de septiembre de 2009

Más fotos en mi galería http://www.flickr.com/photos/buenassalenas/

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El imperio desde los ojos de Boris Muñoz

Nayari Rossi Romero

Comienzo con una confesión un poco penosa: aunque me gusta leer y esto es, de hecho, mi pasatiempo favorito, no soy de esos lectores afanados y disciplinados que devoran libros de 300 páginas por semana. Leo lento, entre otras cosas porque mis hábitos cambiaron con la llegada de la tv por cable e internet a mi vida, entonces las noches dejaron de ser momentos propicios para leer después de las novelas de las 9 y antes de sumergirme en un amor arrebatador en las manos de Morfeo.

La tv por cable e internet se robaron ese espacio, incluso le ganaron a la reina indiscutible de las noches hasta hace un par de años: la telenovela, pero de este género, mi consentido de la tv nacional, hablaré en otra ocasión. Hoy le toca a los libros.
Hace como dos meses recibí en mi facebook el mensaje de una compañera de la universidad que pronto –tras leerla en su blog http://cariaquitomorado.blogspot.com y realizar con ella un par de trabajos para un profe que era amor en común- se convirtió en una amiga de esas extrañas con las que compartes cosas inusuales y esporádicas. Ella escribió un mensaje para varios en el que nos decía:”… Fue cuando se me ocurrió la idea más obvia de todas: un club de lectura on line donde un grupo de gente con la mitad de su vida colgada en Internet nos pusiéramos de acuerdo para leer un libro y en una fecha específica, cuando lo terminemos o cuando nos de la gana, subir nuestras “impresiones” a los respectivos Blogs, Tumbls, Twitter,Notas de Facebook, etc…”

Así pues nos decidimos y con la (i)responsabilidad que nos caracteriza nos hemos dedicado a postear “impresiones” sobre lo que leemos –confesión penosa número dos: la verdad me incorporo tarde a la jornada.

Y en la onda de las confesiones penosas debo decir que no he terminado el libro del que voy a hablar, pero para no pasar por más irresponsable decidí escribir una pre-reseña del libro Despachos del Imperio, de Boris Muñoz.

Hay varias cosas que apuntar sobre este libro, la primera es una obviedad, trata sobre Estados Unidos; la segunda, es un libro de crónicas y la tercera son cuatro-cientas-sesenta-y-nueve-páginas (469) comprenderán que para una lectora tan indisciplinada como yo la lectura completa del libro puede llevar hasta un año. He ahí la maravilla de este tipo de libros: lo puedes leer como quieras, en el orden que quieras y con la periodicidad que quieras.

Si eres periodista entonces debes tenerlo a mano: cada vez que te pauten un tema puedes echarle un ojo al libro y así recordar que, a pesar de lo que diga tu editor, a veces está bien la primera persona –OJO esto no es una incitación a violar los postulados más que sagrados del periodismo- y a veces también puedes hacer micro ensayos de temas, otra veces puedes hacer tu propio texto a partir de cosas que no viste pero que has investigado muy bien. En fin, este libro funciona bien para aprender algunas cosas.

Abrebocas:

Portada del libro. Editorial Debate. octubre 2007

Portada del libro. Editorial Debate. octubre 2007

Para darles ánimos a leer este libro antes de hablar de él, dejo la entrada de “Lo que hay bajo tierra”, una crónica sobre el metro de NY:

“ La muchacha bajó de prisa por las escaleras a la altura de Chelsea, en la calle 18, metió una ficha en el torniquete, caminó por un largo pasillo, bajó otras escaleras y sacó una revista Cosmopolitan. Era una de esas tardes de otoño en que la humedad se cuela por debajo de la ropa ensopando los huesos. Atrapada por la lectura de un artículo sobre cómo atrapar hombres, no prestó mucha atención a algo que andaba rodando por sus pies. De pronto, como si un leve ruido le hubiera hecho caer en cuenta de que no estaba sola, miró hacia abajo con cara de asco y, dejando caer la revista al suelo, pegó un aullido que se escuchó a todo lo largo del andén: ¡Una rata, una rata! La gente la observó por unos segundos. Era, en efecto, una enorme rata gris oscura y estaba comiéndose sin apuros las sobras de un sánduche que alguien había botado a la basura. El tipo que estaba al lado miró a la mujer con ganas de decirle: “Hey honey, take a walk on the wild side”. Pero nadie movió un músculo mientras veían perderse la rata, cargando con el sánduche, por un anónimo hueco. Al contrario, apenas se fue todos se echaron a reír, como si el hecho de que las ratas se paseen por los andenes del subway fuera lo más natural del mundo. La gente entró en los vagones y al cerrarse las puertas la historia ya era agua pasada” (pag 35).

Sobre el autor y el libro

Boris Muñoz

Boris Muñoz

El último cuento que escuché sobre Boris Muñoz es que está en Harvard estudiando, gracias a una beca que se ganó, no he confirmado esto y espero que no se trate de una leyenda urbana. Lo que sí es cierto es que este tipo tiene un currículo envidiable: fue profesor en la escuela de letras de la UCV, escribía y fue redactor jefe de la revista Exceso, corresponsal de El Nacional y colaborador de la revista Gatopardo. Obtuvo su PH. D en literatura latinoamericana en la Rutgers University y ha sido merecedor de unos cuantos premios.

En 1996 partió a los Estados Unidos a hacer su postgrado para regresar a Venezuela 6 años después en 2003. Durante su estadía en USA conoció al Imperio desde sus entrañas y sí, lo llama Imperio, aunque luego de la lectura de su libro –o la media lectura como es mi caso- el Imperio no tiene el sabor agrio que deja Chávez sino más bien resulta una nación compleja, diferente y parecida en algunas cosas y llena, eso sí, de mucha vida.

Las primeras páginas del libro son impresiones de Boris Muñoz sobre cosas de Nueva York (NY), una ciudad que a muchos nos enamora con esa mezcla de naciones, su Central Park y las postales en cada película de Woody Allen.

Boris Muñoz escribió sus textos para una columna de El Nacional que se llamaba Safari U.S.A, son textos con la vibra de la cotidianidad, con la mirada de un criollo que pretendía traducirnos el Imperio. Y lo hizo: desde el metro de NY, pasando por el alcalde Giuliani, la casa de Hefner –sí, el de las conejitas-, la vida días después del 11-S y otras historias sobre transexualidad, la liberación femenina y los asesinatos en serie. Todo pasa en USA. Todo en un Imperio que se construye a sí mismo cada día, que se levanta después de los más duros golpes y que esconde, como toda nación, negras realidades que lo hacen vulnerable.

Lo maravilloso del libro no son sus temas, la maravilla está en la pluma de Boris Muñoz: se lee rápido, cada crónica te deja con ganas de leer la siguiente, cada texto dice lo que tiene que decir sin mayores extensiones y el autor no se vale de un lenguaje demasiado pretencioso. Es un libro de crónicas, de pedacitos de una realidad compleja y, a veces, desconocida para nosotros.

Como siempre sale alguien a preguntar ¿qué diablos es una crónica? Boris Muñoz lo dice en su prólogo o “carta a los distraídos” como prefiere llamarla: “Por su carácter anfibio la crónica, le entra a todo. Es el ornitorrinco de los géneros, como la definió con su perspicacia habitual Juan Villorio”.

Se hizo larga esta pre-reseña, para culminarla debo decir tres cosas:

Uno: he disfrutado mucho la lectura del libro.

Dos: el libro es esperanzador para quienes nos dedicamos a un oficio en el que escribir es igual a responder “qué-cuándo-cómo- dónde-quién-y-por qué”.

Tres: en los medios debería ser lectura obligada este tipo de libros para el personal que allí labora. De esta forma posiblemente lograríamos un mejor periodismo.

Cuando sea grande quiero ser un periodista NO POLARIZADO

Es un anciano, dicen, uno muy fastidioso y terco. Así definen los futuros comunicadores sociales la carrera que hoy cursan. En las aulas hay un sinsabor, una desesperanza, que es el sentimiento de Karina, tesista de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y pasante en un medio impreso. Pronto obtendrá su título y hasta ahora no tiene un panorama claro de su porvenir profesional.

No parece un sentimiento aislado. Al otro lado de la capital, en el salón de Periodismo I de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), los estudiantes de 4to semestre debaten a propósito del Día del Periodista, que se celebra pasado mañana 27.

Encochinados

Cuando falta poco para la hora de cierre en las salas de redacción, y las rotativas empiezan sus movimientos para imprimir, los teclados suenan más fuertes. A esa hora los periodistas suelen estar encochinados, es una clave que se dice frunciendo el ceño e indicando que aún les falta para terminar. Los estudiantes de periodismo le han dado un nuevo giro a la palabra.

“Hay una guerra, hay dos grupos enfrentados”, sentencia Julio, de la UCV. Su frase es una lanza que atraviesa el salón, se hace un minuto de silencio y luego las cabezas se mueven en señal de aprobación. Él se refiere a los medios que se acomodaron en sus trincheras, en bandos políticos, olvidando la ética y la obligación de equilibrio.

Hablan de su carrera con cierto tono de hastío. Les da alergia abrir los periódicos: todos con los mismos temas, casi las mismas palabras.

“Y basta de esa excusa de que hay que hacer algo por el país en este momento, periodista y ciudadano deben estar separados a la hora de ejercer”, dice Karina con una voz alterada.

Estos muchachos todavía no trabajan contratados en un medio, pero como pasantes dicen librar una batalla en la que no siempre obtienen el mejor resultado. Pese a ello, aseguran que siguen abanderando la misma consigna: Basta de la polarización.

“Es que hay que sacar con pinzas lo que de verdad es información. El buen periodismo es el que se aparta lo más que pueda de las opiniones propias, siendo lo más sincero posible con uno mismo”, comenta Gisela, de la UCV, con un gesto de desaprobación en la cara.

Y de pronto, de las bocas salieron las críticas como de las metralletas salen balas: hace falta más pluralidad, equilibrio, ver todas las versiones posibles.

“Hay un vacío, catastrófico, de contenido”, agrega Oriana.
El tema se torna cada vez más pesado, la euforia se apodera del grupo, y hablan a veces masticando las palabras otras veces velozmente, todos tienen algo que decir.

“Últimamente todo es un espectáculo. Hay que preguntarse cuál es el papel del periodismo allí”, dice Brunimier.
“Y no hay credibilidad en los medios”, le contesta Julio a la vez que asiente con la cabeza, como los demás.

En los pasillos de la Universidad Bolivariana (UBV) también se discute.

“Como estudiante bolivariano creo que tenemos que cambiar el enfoque al periodismo y darle un sentido más humano, con mayor compromiso con el Estado y con el país”.

Esto lo dice Álvaro, cursante del octavo semestre y pasante en el Ministerio de Comunicación, quien cree que la profesión debe ejercerse desde el criterio personal del periodista, sin pasar por alto sus principios y sin cruzar esa “delgada línea que es la objetividad”. También se pregunta de qué vale tener cierta información si al final va a ser escrita en pocas líneas.

Patricia y Karina, desde la Ucab, se toman un par de minutos para pensar sus respuestas. La primera proclama: “para que el periódico no muera es necesario tratar temas que perduren en el tiempo”.

Primera Plana

El viejo terco que es el periodismo comienza a mutar. Equilibrio, honestidad, iniciativa personal, temas diversos, dicen los estudiantes como si se tratara de una letanía que rezan sentados en sus pupitres. “Periodistas especializados”, dijo Patricia.

Las chicas de la Ucab discuten una escala de valores del 1 al 10 para calificar su profesión.

Karina le da un 4 porque está “estancado, politizado y no hay un tratamiento adecuado de los temas”. Para Patricia es un 5, “falta la mitad de las cosas, más análisis”.

Los estudiantes quieren cambiar el ejercicio de su profesión. No quieren ver a un viejo terco sino a un niño inconforme, “de carne y hueso” como lo describe Patricia.

El taller de redacción de la UCV está encendido, parece una discusión de nunca acabar.

“También está el problema de que los temas de actualidad no se tocan en la escuela”. Oriana mete el dedo en la llaga.

“El futuro se está construyendo y hay como una búsqueda personal para tratar que esa polarización sea menor” , responde Julio al final de la fila de computadoras.

“Sí y se ha perdido el fin”, le sale al paso Oriana, al recordar la polémica que se generó cuando el escritor Mario Vargas Llosa llegaba al país en su más reciente visita.

“Y entonces hicieron todo un show la periodista de VTV con la de Globovisión, olvidando lo que realmente era importante ”, concluye Oriana.

Cuando se trata de polarización, la discusión se aviva en la UBV. Álvaro se hace una suerte de juramento socrático: “Estoy luchando por un nuevo concepto de periodismo”, dice. Su promesa pasa por reconocer que hay cosas que mejorar en los medios del Estado. Pone sus puntos sobre las íes y enfatiza que en Globovisión hay desinformación. La discusión alcanza un clímax cuando salta la pregunta: ¿Y cómo se plantea la polarización en VTV, en donde no se mencionan los muertos de cada fin de semana?

“Hay Aló Presidente, que es un programa que educa. ¿Por qué en los medios privados no explican las razones sociales de esas muertes? ”, responde.

Al final de la jornada en las aulas, los estudiantes de Periodismo retoman sus pasantías. Esas prácticas pre-profesionales, y también su propia experiencia como espectadores, son las que les permiten informar, a coro: “Sabemos bien lo que nos espera”.

Histórica polarización

El 27 de junio de 1818 circuló por primera vez el Correo del Orinoco, un periódico creado por Simón Bolívar para hacerle frente a la Gaceta Oficial (medio utilizado por los realistas) que contaba con información fundamentalmente militar y relacionada con las acciones de los patriotas. También podía leerse allí información extraída de periódicos extranjeros.

Publicada en http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=194228 el 25 de junio de 2009

Agradeciendo la colaboración valiosísima de Antonella Fonseca

Publicado en Periodismo

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El desalojo del Ateneo es una tragicomedia

Se abre el telón. La obra empieza con una escena que, para el espectador menos detallista, no genera sospechas: cae la tarde en el Ateneo de Caracas un día cualquiera. En la vitrina de la librería un hombre -que parece hare krishna por la forma como viste- descansa entre cojines, a la vista de todos. En la sala Horacio Peterson ensayan y preparan los últimos detalles del montaje San Marcos de Venecia, del grupo Arena. Y en el café el movimiento es el propio de un restaurante minutos antes de recibir a los comensales. Casi podría pensarse que nada ha cambiado en la institución capitalina después de la orden gubernamental de desalojo.

Toda una tragicomedia: unos lamentan y otros celebran la decisión. “En Venezuela tenemos contabilizados más de 500 grupos de teatro en todo el país, pero ahí funcionaba un circuito de seis grupos permanentes y con unas entradas impagables”, declaró el ministro de Cultura, Héctor Soto, en el programa Dando y Dando (VTV) el pasado 6 de mayo.

Primer acto: Esperanza
“No es un desalojo”, responde pausadamente Manuel Papaterra, quien se encarga de la iluminación de la obra San Marco de Venecia. “Yo lo llamaría más bien reutilización del mismo espacio, el Ateneo seguirá funcionando”.

Papaterra habla con una esperanza que más bien parece certeza, “creo que es maravillosa la instalación de la Universidad de las Artes, si el espacio va a servir para formar nuevos talentos me parece fabuloso”.
Julio César Alfonzo, director de la obra, sólo apunta una cosa: “El tema de las salas es crítico, el Teresa Carreño es un teatro y no se usa para eso”.

Segundo acto: Ritual
El personaje de la vitrina -ataviado como hare krishna- se llama Jesús Barrios, es ecuménico y camina por los pasillos del Ateneo repartiendo fuertes abrazos y besos a hombres y mujeres, sin distinción.

En la vitrina simplemente reposaba el almuerzo. “Mi motivación es dormir mi siesta”, confiesa. Es una suerte de ritual que ha comenzado la semana pasada en la que considera su segunda casa. Desde los años 80 trabaja en el Ateneo. Recuerda con cariño el Festival Internacional de Teatro que cada año organizaba el Ateneo, en esos eventos preparaba “vitrinas vivientes”, con grupos internacionales. “Yo mismo me ponía a hacer mi performance, soy un artista, quiero comunicar, denunciar, celebrar, sentir”.

No puede precisar qué pierde el país con el desalojo de la institución cultural. “Es un proceso muy duro, pensé que iba a pasar de una manera responsable o inteligente”. Lo que sí puede concluir es que en definitiva se pierde un sitio de reunión para los artistas.

“Jesús es tu guía”, dice a cada rato y se toma su papel muy en serio: se convirtió en una suerte de narrador de la tragicomedia, se paseó por cada rincón del Ateneo descubriendo historias.

Tercer acto: Optimismo
“Aquí éramos felices, teníamos oficina, taller y sala de ensayo”, cuenta Érika Gutiérrez, actriz y coordinadora de eventos infantiles del teatro de títeres Naku. Esta agrupación apagará 20 velitas este año y como regalo viajarán a Praga para recibir el premio como mejor grupo de teatro de títeres de 2009. En la oficina con el nombre de la agrupación, -ubicada en el piso 6 del Ateneo todo está revuelto- están empacando. La ironía es que todo está en cajas porque simplemente se quedaron sin sede.

“El día que nos enteramos casi lloramos, sabíamos que nos íbamos, tuvimos que correr a llevarnos las cosas”, explica Gutiérrez. Lo que ya no está en el Ateneo se encuentra ubicado en un depósito y las labores administrativas las hacen desde distintas casas. Nadie les ha dicho nada pero ellos asumen que se tienen que ir.

Yionyi Gutiérrez, titiritero de la agrupación, se enteró del desalojo por la prensa. “Cuando me preguntaban qué íbamos a hacer, yo sonreía”, cuenta con los ojos aguarapados.

Todos coinciden en que se trata de un problema de motivaciones políticas. Jesús Barrios interrumpe la conversación y acota que “el artista no debe embarrarse las manos con la política” y manifiesta su descontento porque siente que no hay apoyo para el teatro “porque es verbo”.

Un pesado silencio invadió la oficina y ante la pregunta “¿qué sientes?”, Érika Gutiérrez lanza una respuesta por la cual se disculpa de antemano: “me da mucha arrechera”.

Sin embargo el grupo Naku no decae y ya están montando la próxima obra con la que celebrarán los 20 años.

Cuarto acto: Pluralidad
En el piso 4 se encuentra Judy Schaper, coordinadora de eventos especiales, de donde nacen las populares ferias del Ateneo. Habla con la firmeza de un roble: “El Ateneo va a seguir pero se pierde uno de los pocos espacios plurales de la ciudad, dimos cabida a todas las tendencias, espacios plurales quedan muy pocos”.

Schaper cuenta que se ha sentido muy dolida con la noticia. Dice que en los 28 años que lleva trabajando en la institución, el Ateneo ha ganado la batalla a las ideologías. “El teatro es contestatario, no quiere ajustarse a una sola línea de pensamiento, el Ateneo no es un edificio y va a levantar cabeza, pero lo más difícil va a ser recuperar la parte teatral”, explica.

Para ella el clímax de la tragicomedia es que “como país nos estamos jugando la libertad”.

En el piso 5, donde ya está instalada la Universidad de Las Artes, los rumores van y vienen, entre otras cosas no se explican que la rectora llegue rodeada de guardaespaldas.

En la entrada hay un vigilante que sólo atina a decir que la rectora está reunida, que no hay teléfonos todavía porque apenas se están mudando.

Cierra el telón.

Nayari Rossi Romero.-
Publicada en el Diario el Tiempo de Puerto La Cruz

No se pierdan las fotos que están buenísimas…
http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=189804

Lección Nº 5 en camionetica

A las 8:15 de la mañana el boulevard de El Cafetal es un estacionamiento, eso todo el mundo lo sabe. El tráfico se paraliza como si se estuviera en algún tipo de máquina futurista que detiene el tiempo, con la diferencia de que en este caso el tiempo si pasa y entonces se genera una angustia colectiva, una desesperación profunda que termina en un grito interior. Algunos simplemente aprovechan para completar horas de sueño y echan un guinde, como se le conoce en el lenguaje de las colas.

Tomar transporte público a esa hora es una rica experiencia llena de gente variopinta, un conductor que te saluda con su peculiar “pasaje al subir”, y una radio a todo volúmen donde se escucha el programa por excelencia de las camioneticas: Fulchola. Se puede pasar al rededor de hora y media escuchando las risas grabadas y los chistes más fáciles, sin embargo Fulchola es toda una institución en materia de popularidad.

A las 8:15 de la mañana, a la altura de Caurimare,un nuevo elemento se introdujo en el submundo de las colas de El Cafetal. Se monta un señor que de inmediato llama la atención de todos al decir Buenos Días. En otras colas de la ciudad la presencia de esta nueva clase de trabajadores emergentes –o desesperados- es cada vez más frecuente: desde lo que venden caramelitos hasta los que se están rehabilitando de las drogas y te amenazan diciéndote que podrían estar oliendo pega en las calles y atracando gente pero que no, por el contrario están vendiendo en las camioneticas almanaques de hello kity con hermosos mensajes de paz por 1 bolívar fuerte que no empobrecen ni enriquecen a nadie.

Por alguna razón en El Cafetal no se había visto la presencia de este tipo de trabajadores, sin embargo ese día se montó este señor con una sonda, restos de orine en la bolsita de la sonda, un tapa boca colgado al cuello, la cara pálida y la camisa por fuera. En su mano derecha llevaba su cédula de identidad y un récipe.

Buenos días –continuó- no crean que vengo a pedir limosna, vengo porque tengo que comprarme un remedio (dice un nombre imposible de recordar) que me mandaron en el ambulatorio de por acá cuando me dijeron que era diabético. Soy diabético por culpa de la coca cola, porque yo tomaba mucha coca cola.

Habló como por cinco minutos más sobre sus padecimientos como persona diabética y lo costoso que era comprarse cada medicamento. Convenció a algunos pasajeros y recogió un poco de dinero.

Antes de irse dijo: ahora hay que cuidarse, no de la gripe porcina esa que está dando sino de una hepatitis. No deben tomar jugos naturales o tizanas en la calle, ustedes que les encanta estar comprando eso, no deben tomarlos porque no saben si son hechos con agua de chorro, de pote o potable.

Y se bajó en la parada siguiente a la altura de Santa Sofía.

Nayari Rossi Romero.-
05 de mayo de 2009
orlandier-junior

…No me desampares

Primero le robaron una camioneta y luego se salvó de un secuestro por pura misericordia divina –la bajaron del carro y se llevaron el vehículo con novio y todo adentro. Desde entonces Andrea tiene un manual de supervivencia, una especie de ritual castigo que la protege: evita salir de noche, se compró un carrito modesto, nunca espera a nadie más de dos minutos dentro del carro, monitorea a sus más allegados luego de una reunión para saber que están bien y, seguramente muy en secreto, se encomienda a todas las ánimas que conoce y reza con toda su fe como niña chiquita la oración que todos nos sabemos desde pequeños: ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
Su ángel de la guarda bien que la protege. El viernes 17 de abril, justo a las cinco de la tarde, a plena luz del día, Andrea volvió a salvarse. La escena transcurrió en una interminable cola en Los Ruices, “a Carlos Ocariz se le ocurrió arreglar un hueco a esa hora”, cuenta Andrea atropellando las palabras y con la angustia arrugándole las cejas. Ella vio por el retrovisor que detrás tenía a dos motorizados hablando, luego de un escaneo dedujo que no tenía que temer porque no parecían malandros sino más bien un par de conocidos.
“Los tipos se me metieron por delante y como que se quedaron trancados, entonces yo no avancé para darles paso, en eso veo que uno de ellos se baja de la moto y se dirige hacia el conductor de la camioneta de adelante, pensé que le reclamaría por no darle paso, pero no, en eso veo cómo le dice: el-ce-lu-lar y veo que del otro lado estaba el compañero encañonando a los de la camioneta”. Andrea actuó rápidamente y con la agilidad que le han ofrecido sus malas experiencias comenzó a sacar del monedero la cédula y sus tarjetas, se las guardó en el bolsillo de atrás del pantalón y dejó un celular escondido entre sus piernas por si acaso.
Cuidaba sus movimientos y escondía sus pertenencias más importantes de una manera discreta, a la vez que espiaba con el rabito del ojo lo que hacían los motorizados. “Honestamente no sé que los hizo pensar en la camioneta de adelante y no en mí, cuando los tenía frente a mí pudieron voltear y verme íngrima en mi carro”, cuenta Andrea en medio de una coca cola fría que se toma para relajarse un poco. “Estás protegida”, le comenta su amiga mientras le pone la mano en el hombro en una suerte de consuelo.

Ni de noche ni de día
En la sucursal del cielo –como también llaman a Caracas- el crimen no discrimina entre el día o la noche, los ricos o los pobres ni mucho menos los colores de las personas o sus ideologías políticas. Las autopistas se han convertido en el lugar perfecto para cometer cualquier clase de robos aunque actualmente han tomado otros espacios. En la primera quincena de febrero de 2009 se registraron tres atracos en el Parque del Este, lugar por excelencia para los amantes del ejercicio.
“Éste ha sido siempre un espacio libre de delincuencia, pero de un tiempo para acá hemos perdido la tranquilidad. No importa el color de los organismos, pero tienen que ayudarnos a seguir ejercitándonos en paz”, comentó para El Universal Luisana Colmenares, quien trota en el parque desde hace 15 años.

*Dejo este videíto que fue muy polémico cuando lo transmitieron en Globovisión el 03 de octubre de 2007, Lugar: Autopista Francisco Fajardo. Hora: a plena luz del día

Nayari Rossi Romero.-
18 de abril de 2009

Caracas Santa

El manto ¿sagrado?: un hombre vestido de nazareno y otros con chemises al estilo de Pare de Sufrir decían "pase por el manto sagrado"

Las calles se convirtieron en un enorme paso peatonal. Si se hubiese podido ver desde el espacio se hubiese apreciado cómo de un lado al otro una serpiente caminaba a paso lento, acercando un poco más la mirada se notaría que eran personas: muchos llevaban una prenda morada, otros vestían de Nazareno en especial los niños porque los grandes hacen promesas que ellos pagan, la ley de la vida.

Era viernes Santo en la ciudad capital y el centro tenía su mismo rostro: gente por acá, gente por allá, buhoneros que aprovecharon la ocasión y cualquier cantidad de situaciones pintorescas. No así el resto de la ciudad que tenía considerablemente menos habitantes.

Las personas estaban movidas por una vocación más grande que ellos mismos, una fuerza que los impulsaba a aguantar pacientemente una cola eterna y lenta que podía darle la vuelta a cualquiera de los templos. Pero no importaba, en ese momento vivían sus propios peregrinajes, hacían sus propios sacrificios para pedir con profunda fe que un pequeño milagro ocurriera.

Alrededor de los templos estaban los mercaderes. No es el pasaje bíblico, es más bien la crisis: estaban los buhoneros vendiendo desde incienso o espigas de colores –símbolos de la época- hasta cualquier cantidad de especias de esas que llaman espirituosas. A las afueras de la iglesia Corazón de Jesús un señor recordaba tiempos pasados al estar sobre su camión , rodeado de caña, moliendo y moliendo para sacar un refrescante vaso de agua de caña que bien caía a quienes lo rodeaban ansiosos por calmar la sed.

En el camino a otras iglesias no faltaban los muchachos de a pie que, parados en una esquina, gritan con un cantadito: “comprovendo oro oro oro euros dólares oro oro oro”, no llamarían la atención en un país normal, pero siendo que los ciudadanos venezolanos tienen un restringido acceso a las divisas extranjeras, no deja de ser llamativa la aparición de estos personajes en las esquinas del centro caraqueño, a pocos pasos de la policía.

Cabalgata admirable

Cabalgata admirable: al recibirlos lanzaron globos tricoles al cielo

Cabalgata admirable: al recibirlos lanzaron globos tricoles al cielo

Un hecho insólito fue que en medio de todo este escenario aparecen unos hombres montados en caballo y cargando enormes banderas tricolores quienes, con orgullo, se convertían en los primeros en hacer una cabalgata admirable –después de El Libertador, claro está.

“Mi esposo es amante de la historia y le encantan los caballos, así que se tomó 42 días para lograr este sueño que compartía con sus amigos”, comenta la esposa de uno de los organizadores. Los hombres viajaron desde Cúcuta hasta la casa de Bolívar, en el centro de Caracas, en el camino se les unieron otros tantos con la misma pasión.

Domingo de resurrección

Quema de Judas en Caurimare: el personaje escogido fue Marjorie Calderón y la llamaron justicia tuerta

Quema de Judas en Caurimare: el personaje escogido fue Marjorie Calderón y la llamaron justicia tuerta

Terminando los días santos la ciudad comienza a recobrar su mejor cara: el tráfico, la gente, el ruido. A las 6 de la tarde, justo antes de anochecer y hacia el este de la ciudad, las comunidades salen a recobrar una tradición. No había una multitud en las esquinas de Santa Paula o Caurimare (Urbanización El Cafetal), pero había una cantidad considerable. Las personas se reunieron para hacer la quema de Judas.
Esta vez el personaje escogido fue Marjorie Calderón –famosa en estos días por ser la jueza que sentenció a 30 años a los policías Metropolitano por el caso del 11 de abril de 2002. “Justicia, justicia”, gritaban apoyados por las cornetas de los carros que pasaban.

En Caurimare calificaron a su Judas como la justicia tuerta y al son del Himno Nacional procedieron a convertir en cenizas a su propia Marjorie Calderón.

Más imágenes en: http://www.flickr.com/photos/buenassalenas/
Nayari Rossi Romero.-
Festividades/Tradiciones
14 de marzo de 2009

El viacrucis de hacer mercado

Mercado de Chacao abastecido

Mercado de Chacao abastecido

En pleno siglo XXI los venezolanos reviven la pasión de Cristo, se trata de los malabares que deben hacer semanalmente para sortear la escasez y lograr comprar todos los alimentos que necesitan nayari rossi romero

Nuevamente está parado frente a la nevera: carne, pollo, legumbres, dice como si rezara un rosario. Luego, una vez más, inspecciona los gabinetes y coteja lo que ve –o lo que no ve- con lo que está escrito en la lista.
No se equivocaba. Poco arroz y nada de caraotas, arvejas y lentejas, con las ganas que le dan de comerse un buen pabellón.
Respira profundo y se dispone a salir llevando la lista que le resulta una suerte de cruz que le recuerda los sacrificios y penurias por las que debe atravesar, sabe que le espera un largo recorrido por diferentes establecimientos, no se acostumbra a la idea de que hacer mercado en este país es el viacrucis del siglo XXI.

Primera estación
Va a un súper mercado que le queda cerca. Sonríe cuando logra marcar casi todo en la lista. Entonces nota que falta el papel. Se suponía que la situación con el papel higiénico estaba resuelta, eso había escuchado en las noticias, pero para él es una quimera. Es casi un juego de azar.
Preguntó a una de las chicas que atienden el establecimiento y la respuesta fue un latigazo directo a la espalda: “no mi amor, no hay, está difícil, vino ayer y lo poco que vino se lo llevaron”. Sus manos doblaron la lista en cuadritos, bajó la cabeza e hizo un ademán de resignación. Se sintió como Jesús cuando cayó al piso por primera vez. Ni modo, tendría que seguir en la búsqueda.

Segunda estaciónAfortunadamente había comenzado la jornada de hacer mercado muy temprano en la mañana. “Al que madruga Dios lo ayuda”, se dijo y siguió su procesión hasta el próximo mercado. Sorteó unas cuantas colas –el tráfico es como el crimen: no descansa- hasta llegar al otro súper mercado que también escogió con el criterio de la comodidad, le quedaba bastante cerca de su casa.
Tuvo suerte y consiguió papel. Aprovechó entonces para repasar la lista: le faltaban aún los granos.
Le vino a la mente esa frase de la cultura popular, pero esta vez las palabras le retumbaron como un eco aterrador: ¿arroz como arroz? En efecto ya había comenzado a olvidar que hasta hace muy poco podía encontrar estantes de diferentes marcas, colores y variedades. Hoy sólo vio una marca que apenas ocupaba la mitad de un estante.Corrió con suerte porque lo encontró en BsF 2,33 y sabe que en otros lados, cuando hay arroz, puede costar hasta BsF 2,77.
La cara se le iluminó ligeramente, había encontrado papel y arroz. Sólo faltaba una cosa: granos. “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”, se dijo implorando al cielo una especie de milagro que lo hiciera encontrar granos en el próximo mercado.

Tercera estación Y entonces ocurrió, recibió una llamada: “en el mercado de Chacao hay de todo”.
La llamada resultó una esperanza, luego de haber recorrido dos súper mercados decidió no alargar más la espera e ir al conocido mercado popular capitalino.
Al legar se encontró con una especie de paraíso de abastecimiento: las frutas y legumbres abundaban, así como las diferentes especias. No se sorprendió, aunque no es su costumbre visitar mercados populares, sí había escuchado que en estos lugares, por alguna razón que hasta el momento desconocía, tenían de todo.
Luego de un rápido recorrido llegó finalmente a los tres únicos puestos en donde vendían granos.
En el primer puesto había caraotas negras a BsF 10 el Kilo y lentejas a BsF 12 el kilo.
“Señor, ¿y las arvejas?”, preguntó esperando a que de algún gorro mágico salieran, cual conejos, las bolsitas del codiciado grano. El vendedor torció la boca y alzó las manos a los lados indicando así que de verdad no tenía ni idea de cuándo conseguiría arvejas.
Le pareció insólito porque al voltear la mirada encontró que el siguiente puesto en efecto sí las tenía.
A pesar de los precios estaba dispuesto a comprar con más frecuencia sus granos, así que preguntó sólo para tener la certeza: “¿y siempre tiene arvejas?”, la respuesta le arrugó el corazón: “bueno, a veces tengo y a veces no”.
Había terminado su viacrucis, aunque su bolsillo terminó crucificado cuando pagó BsF 12 por el kilo de arvejas.
Una falsa alegría le acompañó de regreso a casa mientras espera la resurrección de su economía familiar. Recordaba que hasta hace muy poco podía encontrar hasta en el abasto de la esquina arroz, papel higiénico, caraotas negras , rojas y blancas, arvejas y lentejas.
Mientras tanto se emocionaba con la imagen de su pabellón y trataba de alejar la idea de cómo sería la próxima semana cuando al final de su recorrido por súper mercados saque cuentas y descubra que, comprando lo mismo, gastará un poco más. Tiene la negra certeza de que el viacrucis no es sólo en Semana Santa.

La frase: “Yo no he visto la construcción del socialismo en ningún país que sea un socialismo de abundancia. Los socialismos han sido a partir de la escasez”.
Jorge Giordani
Ministro Planificación yDesarrollo

la otra cara
de la moneda
Para tratar de cubrir las necesidades de la población el gobierno tomó como medida la creación de los mercales. No siempre resultan suficientes, del total de 209 mercales tipo I en el territorio nacional, sólo hay 8 en Anzoátegui y de mercales tipo II hay uno. Los consumidores se quejan de las colas y, a veces, tampoco encuentran allí lo que necesitan.

Realidad nacional“Caraotas negras, arvejas y lentejas han representado un problema”, comenta José Ferreira quien se encarga del área de compras de la cadena de súpermercados Unicasa.
“Es muy difícil no escaparnos de la realidad” advierte Ferreira ante la situación con los granos en general y aclara que en las últimas semanas ha mejorado la situación con el arroz.
¿Por qué ocurre la escasez de los granos? Ferreira comenta que todo deriva desde los proveedores quienes dicen que los gastos de importación están muy por encima de los precios regulados, ellos están a la expectativa de llegar a un acuerdo con el gobierno.
Miestras esto sucede, algunas cadenas de súpermercados se las han arreglado para aplicar la misma estrategia de los mercados populares: venden los granos sin marca y con precios que oscilan entre los BsF 10 y BsF 12.
Para el consumidor representa una quimera encontrar caraotas negras,arvejas y lentejas. Los que compran en Mercal o Pdval comentan que deben llegar muy temprano para obtener los productos. Según el más reciente conteo de Datanálisis, la red gubernamental presentó 52,1% de escasez, lo que significó un incremento en relación con la medición anterior.

Nayari Rossi Romero.-
Publicada en el Diario El Tiempo de Puerto la Cruz el 11 de abril de 2009
http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=185755

Teoría sobre los baños

Típica estampa de un baño público: el lavamanos no sirve y uno se lava con un pote. Rest. La Corteza, vía Caracas.

Típica estampa de un baño público: el lavamanos no sirve y uno se lava con un pote. Rest. La Corteza, vía Caracas.

Una mujer entra a un baño público con una emergencia –siempre es una emergencia la que obliga a ir a un baño público. Lo primero es la cola: una enorme fila de féminas se despliega a lo largo del pequeño espacio, disimuladamente la chica, con alguna inútil esperanza, baja su cabeza y así como de reojo mira por debajo de las puertas para confirmar lo que ya sabía: sandalias en una, tacones en otra, pantaletica de encaje más zapatos de goma en la otra y, como es costumbre, una puerta está vacía pero la chica no sonríe porque antes ya lo había notado, se trata de la tradicional puerta amarrada con un cable que dice escrito a mano con marcador punta gruesa –en el mejor de los casos, porque puede que se encuentre escrito con bolígrafo- un letrero que dice: “Fuera De Servicio” con comillas, mayúsculas y todo, como si el que lo hubiese escrito pensara que más es mejor y aprovechó así diferentes recursos literarios-gramaticales para escribir un piche letrero de baño que le recordara a la chica que no, esa no era la salvación para su emergencia.

Aproximadamente 15 minutos más tarde la chica sale secándose las manos sobre el bluyin con pequeñas palmaditas palmas arriba palmas abajo, alternativamente, dejando una manchita de agua sobre la tela de sus pantalones, el novio la espera afuera y dice –como siem-pre-di-cen-los-hom-bres- ¡ja! ¿por qué las mujeres se tardan tanto en el baño?… lo que él piensa que era una pregunta retórica/chistosa destapa cual olla de presión una explosión monumental en la chica.

Claro, dice ella con tono de no sabes lo que dijiste, para ti es muy fácil decirlo porque tú llegas, bajas cierre saca pipí haces, y ni te lavas las manos para salir. Nosotras no, nosotras llegamos, hacemos cola, esperamos pacientes haciendo un fuerte ejercicio de meditación zen para aguantarnos las ganas de orinar y evitar que la vejiga no explote, cuando al fin llega nuestro turno, entramos. Debes saber una cosa fundamental sobre el ritual femenino de ir al baño público: desde pequeñas mamá nos dice lo que seguramente su mamá le dijo y que seguramente fue dicho por generaciones durante los siglos de los siglos “nunca, jamás, nunca de los nucas, debes, bajo ningún concepto, sentarte en la poceta”.

Lo que para nosotras representa un problema porque no tenemos ninguna extensión manipulable cual manguera que podamos mover de acá para allá y apuntar mientras orinamos. Así que una entra al bañito y yo siempre digo este maldito baño lo hizo un hombre. No es una teoría de feminista a ultranza, es simple sentido común femenino. Todas las mujeres llevamos carteras, en el mejor de los casos son mini carteras pero en el más común de los casos son enormes sacos de papas en donde llevamos una pequeña casa, como una suerte de botiquín de emergencia, todo todito todo va ahí, desde el monedero hasta el estuche de maquillaje, incluyendo un bolsito con pastillas, papel higiénico y perfume. Entonces una llega en pequeñísimo cubículo y una sabe que esperar a que haya una mesita decente para poner la cartera es mucho, pero por lo menos un ganchito en la puerta, en la mayoría de los casos se ve que ese ganchito existió pero lo hicieron tan endeble que se cayó a los pocos días de uso y dices, el coño de su madre, maldito arquitecto hombre.

Así que entonces comienza el acto de equilibrio que desde muy niñas hemos practicado y que a los veinte dominamos a la perfección: cartera en hombro, con el brazo pegadito –para que no se caiga la cartera- bajamos pantalones/ shores y pantaletica o subimos el vestido/falda. En el primer caso es relativamente más sencillo porque cuando se trata de faldas hay que sujetarla con la barbilla y ahí sí que maldices profundamente, con todos los más vulgares insultos, al desgraciado que creía que se la estaba comiendo cuando diseñó ese baño.

Una vez desnuditas de la cintura para abajo, entonces una verifica que en efecto la cerradura no sirve. Bueno, ya lo sabemos, nunca sirve. Entonces una se sujeta la cartera arriba con la mano izquierda pegada al hombro y con la mano derecha una cierra la puerta mientras mantiene una incómoda posición de cuclillas porque mamá nos dijo desde muy pequeñas que “ nunca, jamás, nunca de los nucas, debes, bajo ningún concepto, sentarte en la poceta”. Y uno hace el segundo ejercicio de meditación zen para controlar el cuerpo y el curso del orine que debe bajar en perfecto equilibrio hasta la poceta sin tocar ni un poquito las piernas.

No se nota mucho pero en este caso ni puerta había. Rest La Corteza, Vía a Caracas

No se nota mucho pero en este caso ni puerta había. Rest La Corteza, Vía a Caracas

Al terminar volteas sólo por curiosidad porque sabes que en el dispensador nunca hay papel. Así que, con un rápido movimiento cambias de mano para sostener la puerta y con la derecha bajas de a poco la cartera que cae sobre tu brazo izquierdo -¿recuerdas? El que sostiene la puerta- abres la cartera y con movimiento envolvente vas retirando cada uno de los perolitos que tu novio dicen que son inútiles y sacas el bolsito con papel higiénico –que tu novio nunca entiende para qué lo llevas- sacas el papel, previamente cortado en pequeñas porciones, y procedes a secarte. Nuevamente otro movimiento rápido para cambiar de mano que sostiene la puerta y con la derecha libre procedes a subirte la ropa. Sales, digna y feliz porque lo lograste y te ves en el espejo sudada por el esfuerzo así que no queda otra que, después de lavarte las manos –porque las mujeres sí nos lavamos- te retocas un poco el maquillaje para que el imbécil de tu novio te vea y te diga burlonamente ¡ja! ¿por qué las mujeres se tardan tanto en el baño?

El novio se asombra porque en efecto es un milagro que a su chica le tomara tan poco tiempo todo el proceso, sólo 15 minutos. Él la abraza como intentando comprender algo que no entiende a pesar de que su madre lo llevaba al baño de mujeres hasta sus seis años. Ella se siente consolada y casi llorando le dice: y lo peor no es eso, lo peor es cuando tienes la regla…

Él la invita un helado en un intento desesperado por evitar la escatológica historia de una mujer con el período que va a un baño público.

Marzo, 2009
Nayari Rossi Romero

(Gracias al inventor del celular con cámara, de allí las fotos)

Cualquier día en el metro

Camina apurada una chica con una niña de dos o tres años. Salen apretujadas en la estación de Ciudad Universitaria a eso de las cinco y cuarto pe eme. Esta full la estación y subir las escaleras mecánicas es verdadero turismo extremo capitalino. Ella y la pequeña optan por las escaleras normales, las que por flojera están usualmente un poquito menos congestionadas. Minutos antes de empezar a subir los escalones, a la niña se le antoja que el señor moreno que camina a su lado es su papá. Acto que la chica no ve con buenos ojos pero como quiera que sea no puede hacer nada, no tiene espacio de acción, su libertad personal ha sido privada por la multitud-de-hora-pico que hay en el metro a todas horas. La niña se aferra a la mano del desconocido y grita en su machucado idioma una palabra que, quizá, significa lo mismo que príncipe de cuento de hadas, entonces dice con unos ojos negros, grandes y brillantes: papá.
El desconocido se ríe, una risa más bien cariñosa, no esa risa de extraños que te ven y para evitar la incomodidad de la mirada ríen, ni la risa de extraño pedófilo, era una risa de cariño, de sorpresa, quizá el desconocido pensó en su posible hija. La chica pone ojos puyúos pero actualmente los niños vienen con ese extraño gen de irreverencia que los hace inmune a los ojos puyúos que hasta hace unas generaciones nos causaban pesadillas. La niña aprieta su manito contra la del desconocido y no le importa que su mamá le hale el brazo diminuto mientras le lleva dos escalones, la niña se empeña en sujetar a un extraño que ha decido volver a llamar papá. Tal vez el extraño se parece a un papá que sí tiene.
Al llegar a la estación Plaza Venezuela (arriba de Ciudad Universitaria) la chica tiene un poco más de espacio personal y decide avanzar a un paso más apurado, halando a la pequeña que es como un bulto que le pesa. La niña pierde la mano desconocida, hace un intento por recuperarla, acción que desespera a la chica. La chica decide tomar medidas extremas sin un mínimo interés por establecer alguna negociación. La chica hala el cabello de la pequeña. La niña desiste, arruga la cara, convierte su boca en un puntito y pierde la mano de un cuerpo desconocido que ella ha decidido llamar papá –esta vez dentro de sí- de un hombre que se va con una sonrisa en la cara.

Foto: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=428870metro

Nayari Rossi Romero.-
hecho de la vida misma
marzo 2009

crónicas de lo que pienso

Deliciosa web 2.0

Mes a mes

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