El imperio desde los ojos de Boris Muñoz

Nayari Rossi Romero

Comienzo con una confesión un poco penosa: aunque me gusta leer y esto es, de hecho, mi pasatiempo favorito, no soy de esos lectores afanados y disciplinados que devoran libros de 300 páginas por semana. Leo lento, entre otras cosas porque mis hábitos cambiaron con la llegada de la tv por cable e internet a mi vida, entonces las noches dejaron de ser momentos propicios para leer después de las novelas de las 9 y antes de sumergirme en un amor arrebatador en las manos de Morfeo.

La tv por cable e internet se robaron ese espacio, incluso le ganaron a la reina indiscutible de las noches hasta hace un par de años: la telenovela, pero de este género, mi consentido de la tv nacional, hablaré en otra ocasión. Hoy le toca a los libros.
Hace como dos meses recibí en mi facebook el mensaje de una compañera de la universidad que pronto –tras leerla en su blog http://cariaquitomorado.blogspot.com y realizar con ella un par de trabajos para un profe que era amor en común- se convirtió en una amiga de esas extrañas con las que compartes cosas inusuales y esporádicas. Ella escribió un mensaje para varios en el que nos decía:”… Fue cuando se me ocurrió la idea más obvia de todas: un club de lectura on line donde un grupo de gente con la mitad de su vida colgada en Internet nos pusiéramos de acuerdo para leer un libro y en una fecha específica, cuando lo terminemos o cuando nos de la gana, subir nuestras “impresiones” a los respectivos Blogs, Tumbls, Twitter,Notas de Facebook, etc…”

Así pues nos decidimos y con la (i)responsabilidad que nos caracteriza nos hemos dedicado a postear “impresiones” sobre lo que leemos –confesión penosa número dos: la verdad me incorporo tarde a la jornada.

Y en la onda de las confesiones penosas debo decir que no he terminado el libro del que voy a hablar, pero para no pasar por más irresponsable decidí escribir una pre-reseña del libro Despachos del Imperio, de Boris Muñoz.

Hay varias cosas que apuntar sobre este libro, la primera es una obviedad, trata sobre Estados Unidos; la segunda, es un libro de crónicas y la tercera son cuatro-cientas-sesenta-y-nueve-páginas (469) comprenderán que para una lectora tan indisciplinada como yo la lectura completa del libro puede llevar hasta un año. He ahí la maravilla de este tipo de libros: lo puedes leer como quieras, en el orden que quieras y con la periodicidad que quieras.

Si eres periodista entonces debes tenerlo a mano: cada vez que te pauten un tema puedes echarle un ojo al libro y así recordar que, a pesar de lo que diga tu editor, a veces está bien la primera persona –OJO esto no es una incitación a violar los postulados más que sagrados del periodismo- y a veces también puedes hacer micro ensayos de temas, otra veces puedes hacer tu propio texto a partir de cosas que no viste pero que has investigado muy bien. En fin, este libro funciona bien para aprender algunas cosas.

Abrebocas:

Portada del libro. Editorial Debate. octubre 2007

Portada del libro. Editorial Debate. octubre 2007

Para darles ánimos a leer este libro antes de hablar de él, dejo la entrada de “Lo que hay bajo tierra”, una crónica sobre el metro de NY:

“ La muchacha bajó de prisa por las escaleras a la altura de Chelsea, en la calle 18, metió una ficha en el torniquete, caminó por un largo pasillo, bajó otras escaleras y sacó una revista Cosmopolitan. Era una de esas tardes de otoño en que la humedad se cuela por debajo de la ropa ensopando los huesos. Atrapada por la lectura de un artículo sobre cómo atrapar hombres, no prestó mucha atención a algo que andaba rodando por sus pies. De pronto, como si un leve ruido le hubiera hecho caer en cuenta de que no estaba sola, miró hacia abajo con cara de asco y, dejando caer la revista al suelo, pegó un aullido que se escuchó a todo lo largo del andén: ¡Una rata, una rata! La gente la observó por unos segundos. Era, en efecto, una enorme rata gris oscura y estaba comiéndose sin apuros las sobras de un sánduche que alguien había botado a la basura. El tipo que estaba al lado miró a la mujer con ganas de decirle: “Hey honey, take a walk on the wild side”. Pero nadie movió un músculo mientras veían perderse la rata, cargando con el sánduche, por un anónimo hueco. Al contrario, apenas se fue todos se echaron a reír, como si el hecho de que las ratas se paseen por los andenes del subway fuera lo más natural del mundo. La gente entró en los vagones y al cerrarse las puertas la historia ya era agua pasada” (pag 35).

Sobre el autor y el libro

Boris Muñoz

Boris Muñoz

El último cuento que escuché sobre Boris Muñoz es que está en Harvard estudiando, gracias a una beca que se ganó, no he confirmado esto y espero que no se trate de una leyenda urbana. Lo que sí es cierto es que este tipo tiene un currículo envidiable: fue profesor en la escuela de letras de la UCV, escribía y fue redactor jefe de la revista Exceso, corresponsal de El Nacional y colaborador de la revista Gatopardo. Obtuvo su PH. D en literatura latinoamericana en la Rutgers University y ha sido merecedor de unos cuantos premios.

En 1996 partió a los Estados Unidos a hacer su postgrado para regresar a Venezuela 6 años después en 2003. Durante su estadía en USA conoció al Imperio desde sus entrañas y sí, lo llama Imperio, aunque luego de la lectura de su libro –o la media lectura como es mi caso- el Imperio no tiene el sabor agrio que deja Chávez sino más bien resulta una nación compleja, diferente y parecida en algunas cosas y llena, eso sí, de mucha vida.

Las primeras páginas del libro son impresiones de Boris Muñoz sobre cosas de Nueva York (NY), una ciudad que a muchos nos enamora con esa mezcla de naciones, su Central Park y las postales en cada película de Woody Allen.

Boris Muñoz escribió sus textos para una columna de El Nacional que se llamaba Safari U.S.A, son textos con la vibra de la cotidianidad, con la mirada de un criollo que pretendía traducirnos el Imperio. Y lo hizo: desde el metro de NY, pasando por el alcalde Giuliani, la casa de Hefner –sí, el de las conejitas-, la vida días después del 11-S y otras historias sobre transexualidad, la liberación femenina y los asesinatos en serie. Todo pasa en USA. Todo en un Imperio que se construye a sí mismo cada día, que se levanta después de los más duros golpes y que esconde, como toda nación, negras realidades que lo hacen vulnerable.

Lo maravilloso del libro no son sus temas, la maravilla está en la pluma de Boris Muñoz: se lee rápido, cada crónica te deja con ganas de leer la siguiente, cada texto dice lo que tiene que decir sin mayores extensiones y el autor no se vale de un lenguaje demasiado pretencioso. Es un libro de crónicas, de pedacitos de una realidad compleja y, a veces, desconocida para nosotros.

Como siempre sale alguien a preguntar ¿qué diablos es una crónica? Boris Muñoz lo dice en su prólogo o “carta a los distraídos” como prefiere llamarla: “Por su carácter anfibio la crónica, le entra a todo. Es el ornitorrinco de los géneros, como la definió con su perspicacia habitual Juan Villorio”.

Se hizo larga esta pre-reseña, para culminarla debo decir tres cosas:

Uno: he disfrutado mucho la lectura del libro.

Dos: el libro es esperanzador para quienes nos dedicamos a un oficio en el que escribir es igual a responder “qué-cuándo-cómo- dónde-quién-y-por qué”.

Tres: en los medios debería ser lectura obligada este tipo de libros para el personal que allí labora. De esta forma posiblemente lograríamos un mejor periodismo.

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