Pequeños extractos de la ciudad (Caracas, Venezuela, al norte del sur)
9.- Apuros: salían del hotel Yare a las dos de la tarde, no se fueron de siesta sino en plan más bien cariñoso. En la oficina son la jefa y el motorizado, en el cuartico del hotel barato son el amante y la mujer más feliz (satisfecha) del planeta. Fue la primera vez. No pudieron ocultar el asombro.
-Viste, mami, mejor que vinimos hoy. Nunca se sabe cuando te cae encima un camión de Coca-Cola.
P.D: lo juro, esta noticia es real: Camión de Coca Cola cae de la Fco Fajardo a la “calle de los hoteles” en Plaza Venezuela
8.- Mujeres 1: ella, con su andar afanado, su cara de a ratos cansada, sus lentes grandes, sus grandes esperanzas. Ella se rebusca la vida con los juguitos mientras mantiene el perfecto estado de una empresa, en el tras cámara, donde ya se mueve cómoda después de tantos años del mismo oficio. Ella, con las canas pintadas de rojo, el uniforme impecable, su pequeño espacio de poder donde es dueña y señora, donde manda y le obedecen. Ella, sí, también ella es mujer y dice, como de la nada, como una cosa natural “yo lo que necesito es un hombre que al menos pueda hacerme un guarapo”, no exige mucho, pero tampoco se conforma con cualquier cosa.
7.- 7:30 am. Subiendo por la calle de los hoteles de Plaza Venezuela, en dirección a la Torre La Previsora, el metro bús es un transporte de bultos: los ejecutivos sin carro, los que se visten como ejecutivos, las señoras que hacen trámites, una mamá con su hijo… en el medio todos, como espectadores pacientes del tránsito, viviendo una vida determinada por el ritmo de los semáforos. Los semáforos de Plaza Venezuela tienen un contador de segundos que, se supone, ayudan a disminuir el caos. El caos está ahí, es otro habitante de la ciudad. En esa subida, en medio de tanto que ver que nadie ve en realidad, se camuflan un par de hombres: usan unas camisetas que les dejan ver los brazos musculosos, sonríen mientras caminan, de un lado sostienten con su mano la tira del morral del otro lado sus manos se sostienen la una a la otra. El semáforo cambia de rojo a verde y la cara de esta ciudad me sonríe y me resulta más amable.
6.- Conversación entre secretarias (o de cómo algunos lugares comunes son tan ciertos):
- Ay sí, chica, es que una el primer día, con la primera mirada, ya una sabe que ese cuentico termina mal, pero una insiste, porque eso sí que te tengo yo, insistente sí que te soy, y entonces una se le mete a ese hombre por los ojos, porque es que una quiere darse ese gustico también, chica.
- Aunque ese gustico venga con la señora Gustico y los Gustiquitos…
5.- Imagen: el indigente del metro lee, con cara de preocupación, la realidad que se dibuja en la primera plana de un periódico. El indigente de barba color carbón está en la mitad de la escalera, cubierto por un plástico blanco. A cada lado tiene un perro negro, acostados custodiando a su amo, vigilándole la desgracia, no vaya a ser que alguien lo malogre.
3.- Imagen: mi Ipod me alegraba la cola, sonaba Calle Trece. Quise evadir la infinita línea de carros que estaba delante mi, la cara del chofer en el espejo viendo las piernas descubiertas de una chica que veía su blackberry, al tipo de al lado que me miraba bailar disimuladamente al ritmo de Calle Trece y así terminé volteando a mi lado derecho. Vi el Guaire en un nivel bajísimo porque la sequía ha domado su bravura contaminada de latas y cloacas y una garza blanca que movía su cabeza también contagiada con el ritmo de mi música.
2.- Coromoto le dijo a Auxiliadora “no hablemos de edades que se nos complica la vida”.
1.- Una tarde en el metro regresando del trabajo presencié un acontecimiento que, debido a su peculiaridad, no puede ser menos que un milagro. Salí del edificio de La Previsora y bajé por las escaleras a la estación Plaza Venezuela y tras sobrevevir a la cola de los tikets logré entrar al vagón. De inmediato detuve mi mirada en una señora cargada de bolsas, bolsitos y perolitos, al lado un niño con un cuaderno de pintar sobre las piernas, la señora le explicaba señalando con su dedo índice sobre la hoja y así el niño aprovechaba el tedioso trayecto para hacer la tarea junto a quien, supondremos, era su madre.

Qué fino! Todos los vistazos de Caracas me fascinan. Y más cuando logran proyectar su movimiento, su acelerado paso por esta ciudad laberinto. Desde el papel es más simpática.
Saludos
La idea de los antihéroes está muy divertida ¿será Caracas la ciudad con mayor cantidad de antihéroes per cápita o será parte de un proceso evolutivo?
me pones a pensar… revisaré las estadísticas del INE (ja!! risa de Nelson)
esto es una maravilla. un guacal de bonitas vainas
bello, gracias por pasarte por acá