Este espacio lo dedico al reto de los treintalibros un juego literario maravilloso que no conoce de límites de edad, gustos, colores, autores…
1.- Uno que leyó de una sentada. 
Doña Bárbara. Rómulo Gallegos
La verdad es que cualquier respuesta a esta pregunta es una completa falta de honestidad. Tengo el mal hábito de leer lentamente. De hecho, cuando un libro me gusta mucho, las últimas 20 páginas las prolongo como si se tratara de un buen plato de comida o de un postre delicioso. Los finales me dejan como un vacío.
Recuerdo que Doña Bárbara tuve que leerla dos veces. La primera era una obligación del bachillerato, para ese momento yo tenía quizá 14 años y como literatura era Mi materia no podía darme el lujo de salir mal. Tuve que leer la novela. Me pareció aburrida. Para alguien con un gusto por las retorcidas historias de Poe, como era yo en mi adolescencia, el uso del lenguaje de Doña Bárbara, sus formas literarias, sus metáforas, todo era muy pesado para mi.
La segunda vez que tuve que leerla, nuevamente fue por obligación. Serían unos cuatro años después de la primera y fue para Castellano en la Universidad. El enfoque esta segunda vez fue mucho más interesante: la lucha entre la civilización y la barbarie. Casi puedes leer la frustración de un hombre universal como debió haber sido Gallegos –con todo su intelecto- al vivir en un país como éste, pero además te das cuenta de que esta historia es totalmente trascendente y de ahí sus exitosas versiones en películas y telenovelas.
Está llena de detalles que la hacen apasionante: en primer lugar el amor como excusa para hablar de la civilización, el poder, la barbarie, y hasta podría decir la anarquía de los lugares sin ley y luego el amor como esa cosa confusa que nubla hasta la mente más inquebrantable. Ese apasionante trío conformado por Doña Bárbara, Santos Luzardo y Marisela te llevan de la mano por un momento cumbre de la historia venezolana y casi sin darte cuenta te arrebatan.
Así me pasó a mi, el fin de semana antes de la discusión sobre la novela en la universidad, me senté en un sofá con la determinación de leerme las últimas 100 páginas. Lo increíble es que no comí, no tomé agua, no hablé con nadie, no volteé la mirada fuera de las fronteras de mi libro edición Biblioteca Ayacucho. Quedé atrapada. Ya no era un libro aburrido para mi, desde ese momento los personajes de la obra cumbre de Rómulo Gallegos me han acompañado, se convertieron en personajes inolvidables.