Métete. Apriétate. Tócate / tócalos. Cierra los ojos y respira. Despeja tus pensamientos, abre tu mente. Deja que el sudor corra libre por tu piel, se te ve bien, nena. Relájate y coopera, amiga, que a las 6 pm el metro nunca ha sido amable, menos en tiempos de retraso.
Quedaste en el oscuro limbo entre Plaza Venezuela y Capitolio, a nadie importa el destino de ese vagón repleto, sin aire acondicionado, que se quedó varado en medio del túnel. Si estás ahí disfruta de tu encuentro fortuito y pórtate como el nuevo hombre, el que estos tiempos neo socialistas ha formado de a poco. Quítate la camisa roja, mira a la chica de enfrente y no esperes más. Sé un buen ciudadano metro y llévala a tu puesto, siéntala en tus piernas, tócala de a poco, con ganas, bésale el escote.
Tu ratico de placer tiene banda sonora porque te sentaste al lado de un pana que no conoce ese maravilloso invento llamado audífono. En el vagón y ante la mirada deseosa de los depravados que te acompañan, suena una salsa erótica “tú conmigo, yo contigo… sobredosis de amor”.
La nena se quita los tacones y sus amiguitas te hacen un baile en el batitubo que antes agarraba una viejita, cuando el metro andaba y la doña no quería caerse. Las amiguitas de tu nena lamen el batitubo y se tocan unas a otras. Ya estás excitado.
Tu nena se ha parado frente a ti, se acerca a tu oreja, te susurra palabras sucias y te propone un nuevo juego. Tú te paras en el asiento y ella se agarra de los posamanos de arriba, jugarán al columpio, inventarán una nueva posición. El público aplaude.
Tú agarras a la nena, está chévere la jeva. “Tú conmigo, yo contigo…” sigue sonando la salsa erótica porque el DJ la repite una y otra vez.
Las amiguitas de tu nena ahora pasean por los pasillos, de la nada salieron los látigos con los que ahora azotan a los viejos verdes, los mismos que se las bucean sin parar. En las puertas, ahora humedecidas por el calor del vagón, se pegan los cuerpos ardientes de otros que decidieron aguantar la espera y matar el aburrimiento con un poco de placer gratuito con extraños.
50 minutos después, varios orgasmos más tarde, el metro repara la falla. Finalmente llegan a una estación en la que todos se bajan despavoridos. Límpiate el sudor, toma un poco de aire, quita la cara de que acabaste exhausto.
Voz en off se le informa a nuestros distinguidos usuarios que la falla generada por un transbordador número 540500 detectada en la línea 1 ha sido solventada satisfactoriamente. El metro de Caracas, motores a máxima revolución.

¡Por favor! ¡Eres una genia! Este texto es una mezcla entre mis tardes tocándome en la ofi, mis aspiraciones batitubísticas, y mis fantasías sociales en el metro… pero maravillosamente plasmada en esta crónica que nos regalas
La disfruté demasiado, me transporté y ahora la recordaré pícaramente en cada falla.
Deberíamos dirigir políticas o armar un colectivo para el metro, seríamos más éxitosas que los metroboys y podríamos pagar miles de posgrados.
Viva el metro, viva Caracas, viva la literatura, vivamos nosotras jajajaja
jajajajaj!! si, si!
gracias a ti por el comentario
me espeluco! erótico viaje el que sin sospechar inicia la gota que brota del poro de la frente hasta el escote de la extraña. ahí se pierde y goza. excelente y pido más!!
Seguro habrá más, el erotismo y el caos se la llevan bien. Así esta ciudad a la que sobrevivimos
Chama qué risa… ¡Es un hecho! ¡El socialismo se multiplica!
(aplausos)
a pasos de vencedores!!
Tu crónica no puede resumir mejor los 2 días que me ha tocado ser “usuario del sistema”, gracias al tren delantero de mi carro.
Después de esta rica lectura, me montaré en el Metro con otra cara.
20 puntos!
disfruta el viaje en metro, no queda de otra que acudir a la imaginación je je